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La reflexión de Mario Molina, premio Nobel de Química, sobre el clima en el Valle de México: “Continuar con medidas inerciales puede provocar un considerable deterioro de la situación actual”

El Centro Mario Molina lanzó un llamado crítico en 2016 que hoy resuena como una advertencia vigente: el Valle de México enfrenta un riesgo de deterioro ambiental si se mantienen políticas de movilidad pasivas.

El Centro Mario Molina advirtió en 2016 que, sin cambios estructurales profundos, la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) podría asemejarse a ciudades como Manila o Lagos, donde los traslados diarios superan las dos horas promedio. Se trata de una advertencia que, casi una década después, sigue siendo una referencia ineludible para el debate sobre movilidad y calidad del aire en la capital mexicana.

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¿Qué significa “continuar con medidas inerciales” en la CDMX y el Edomex?

El documento del premio Nobel mexicano Mario Molina (1943-2020) señalaba que los gobiernos de la Ciudad de México y el Estado de México llevaban -al momento de la publicación- más de 30 años implementando programas para controlar las emisiones, con resultados positivos pero insuficientes. El problema que reconocía el experto era que las concentraciones de ozono no solo persistían por encima de los límites normativos, sino que habían aumentado desde 2011.

Según el Centro, las "medidas inerciales" son aquellas que no atacan la raíz del problema. Y la raíz, según su diagnóstico, es un modelo de movilidad que privilegia y subsidia el transporte privado por encima del público. Con una flota vehicular de casi 5 millones de unidades creciendo a una tasa anual del 3.8%, y una antigüedad promedio superior a los 12 años, el escenario de deterioro no era una hipótesis sino una tendencia en curso.

¿Qué cambios urgentes propuso el Centro Mario Molina para evitar este deterioro?

El texto del Centro Mario Molina fue explícito: las medidas necesarias debían ser drásticas, incluso si resultaban impopulares. El documento citaba como referencia a Tokio y Singapur, ciudades donde el precio de venta de un automóvil refleja su costo social real, llegando a más del doble de su valor comercial.

Entre las acciones que consideraba prioritarias para revertir la inercia:

  • Expandir y mejorar el transporte público, garantizando acceso a los sectores más vulnerables.
  • Eliminar el subsidio implícito al automóvil mediante impuestos vinculados a sus emisiones, tarifas de estacionamiento y cargos por congestión.
  • Contener la expansión de la mancha urbana con políticas de densificación y recuperación del espacio público.
  • Combatir la corrupción en los centros de verificación vehicular.
  • Incentivar la adopción de tecnologías limpias como autos, autobuses y camiones eléctricos e híbridos.

El Centro concluía que, aunque estas medidas requerían inversiones cuantiosas, el beneficio para la sociedad superaba con creces su costo. La advertencia de fondo era clara: posponer las decisiones difíciles no elimina el problema, solo agrava sus consecuencias.

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