Los mexicanos hemos normalizado un mal hábito matutino que nos ha costado el aumento de la diabetes y obesidad en la población, y se trata de omitir el desayuno y “sustituirlo” por un refresco azucarado o una bebida energética más algún carbohidrato de la tiendita.
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Esta práctica genera un daño metabólico silencioso, pues al “saltarse” la comida más importante del día y generar ayunos de 8-10 horas, se dispara el sistema nervioso simpático que altera las hormonas del hambre e incrementa la resistencia a la insulina.
Los problemas que genera el no desayunar
No desayunar no ayuda a perder peso, de hecho te garantiza un efecto rebote que provoca atracones de alimentos ricos en azúcar y grasa para las siguientes comidas del día.
Asimismo, sustituir la primera comida por refresco, favorece la acumulación de grasa en el hígado, lo que eleva los triglicéridos.
Finalmente, el estrés del ayuno prolongado sumado al exceso de azúcar causan disbiosis intestinal, que en términos concisos es una alteración de la microbiota que genera inflamación crónica y problemas digestivos.
En México, los datos de Ensanut y la Secretaría de Salud del 2023 revelaron que el 73% de los adultos consume bebidas azucaradas en México de manera habitual.
Asimismo, 7 de cada 10 niños y adolescentes toman refresco a diario, incluso por la mañana. Y, el promedio mexicano, consume 166 litros de esta bebida al año, en lugares como Chiapas la cifra supera los 800 litros.
¿Cómo se debe preparar correctamente el desayuno?
Según el IMSS, el desayuno debe aportar entre el 20% y el 35% de la energía diaria, priorizando proteína como huevo, carnes magras, fibra, verduras y agua natural o café sin azúcar.
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