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La psicología lo confirma: los conductores impacientes ante los errores ajenos multiplican por cinco su riesgo de accidente

Las emociones negativas y el estrés afectan la manera de manejar, asegura un manual de psicología. ¿Cuál es la relación entre la impaciencia al conducir y los accidentes de tránsito?

Las emociones que se experimentan al volante pueden afectar la forma de conducir. Así lo señala el Manual VII de Psicología Aplicada a la Conducción de la Dirección General de Tráfico (DGT) de España, que dedica distintos apartados a explicar cómo las emociones negativas y el estrés inciden en el comportamiento al manejar un vehículo.

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¿Por qué los conductores impacientes tienen más riesgo de sufrir un accidente?

El manual explica que las reacciones al volante pueden estar condicionadas por las emociones. El miedo, por ejemplo, puede volver a alguien más responsable y seguro al conducir. Sin embargo, señala que las emociones que generan mayor tensión son las que también generan más estrés.

Según el documento, los conductores que no saben controlarse emocionalmente, o que son impacientes ante los errores propios o de otros conductores, son más propensos a sufrir multas de tráfico.

Pero eso no es todo, quienes manejan con impaciencia tienen un riesgo cinco veces mayor de sufrir un accidente, advierte el Manual.

Auto varado en la carretera
Los conductores impacientes tienen un riesgo cinco veces mayor de sufrir un accidente, según el Manual VII de Psicología Aplicada a la Conducción. (Facebook Secretaría de Salud Pública Tamaulipas)

¿Cómo afecta el estrés a la forma de conducir, según el manual de psicología?

El Manual VII de Psicología Aplicada a la Conducción de la DGT explica que las situaciones de estrés producen cambios fisiológicos que aumentan la capacidad de alerta, lo que proporciona mayor capacidad de reacción y mejora los umbrales sensoriales y las funciones vitales.

No obstante, admite que mayores niveles de estrés a veces implican un mayor nivel de agresividad y de impaciencia, lo que provoca una conducción más arriesgada y menos responsable con la normativa.

Este proceso, según el manual, “supone un esfuerzo para el organismo, que responde aumentando sus defensas y manteniéndolas en el tiempo, con lo que, como consecuencia lógica, el organismo se agota. Y en una situación de agotamiento se disminuyen el nivel de atención, la capacidad para integrar la información y la concentración ante los estímulos”. Por todo esto, el manual recomienda que en situaciones de estrés no se utilice el vehículo.

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