El arte mexicano despide a una de sus figuras históricas. Guillermo Monroy Becerril murió el pasado 11 de febrero a los 102 años, convirtiéndose en el último integrante con vida del grupo conocido como Los Fridos, los alumnos más cercanos a Frida Kahlo en su etapa como maestra en Coyoacán.
Con su fallecimiento se cierra un capítulo fundamental del México posrevolucionario, una época marcada por el muralismo, el compromiso social y la construcción de identidad cultural desde los muros y los caballetes.
Se apaga la última voz de Coyoacán: la historia de Guillermo Monroy, el rebelde que pintó junto a Frida y Diego
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¿Quién fue Guillermo Monroy, el último de 'Los Fridos'?
Monroy se formó en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, semillero de artistas con una fuerte conciencia social. Ahí recibió la influencia de maestros que promovían una visión comprometida del arte: pintar al pueblo, escuchar sus historias y reflejar las luchas sociales en cada trazo.
Fue discípulo de figuras clave del arte mexicano como Diego Rivera, Raúl Anguiano y Agustín Lazo; sin embargo, su vínculo más profundo lo construyó con Frida Kahlo, quien en la década de 1940 impartía clases en su casa de Coyoacán.
El nacimiento de 'Los Fridos'
Monroy integró el reducido grupo de cuatro estudiantes que trabajaron directamente con Kahlo, conocidos posteriormente como Los Fridos . Más que clases convencionales, se trataba de sesiones íntimas de diálogo, reflexión y creación artística.
El propio Monroy recordó en diversas entrevistas la generosidad de Frida y Diego, así como la libertad creativa que impulsaban en sus alumnos.
El legado artístico de Guillermo Monroy en México
A lo largo de más de ocho décadas de trayectoria, Monroy desarrolló una obra marcada por la temática social y la experimentación plástica. Colaboró en proyectos vinculados al muralismo y trabajó junto a grandes exponentes como José Clemente Orozco.
También coincidió con David Alfaro Siqueiros y Juan O’Gorman, en una generación que consolidó el arte público como herramienta de transformación.
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Entre sus trabajos más relevantes se encontraban los murales del antiguo edificio de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) en la Ciudad de México (CDMX), hoy derruido tras los daños estructurales provocados por los sismos de 2017. Esas obras formaban parte del patrimonio artístico del país.
Hasta sus últimos años, Monroy mantuvo lucidez y una postura crítica sobre el rumbo de la pintura contemporánea. Defendía la coherencia artística como principio inquebrantable.
Con su partida, el llamado último rebelde de Coyoacán deja no solo una obra, sino un testimonio vivo de la generación que entendió el arte como convicción y compromiso social.
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