A pesar de contar con mayor acceso a herramientas de salud mental, la población juvenil experimenta altos niveles de estrés en su vida diaria. Ante esto, la psicóloga Marina Mammoliti explica las razones por las cuales las personas viven en un estado de alerta permanente.
Esta realidad responde a dinámicas sociales complejas que alteran el bienestar emocional y modifican la conducta cotidiana. La presión por cumplir con estándares inalcanzables transforma la rutina en un escenario de exigencia constante para todos.
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¿Qué explica la psicóloga sobre la ansiedad y la cultura de la prisa digital?
La necesidad de mantenerse ocupado incluso en momentos de espera mínimos refleja una problemática severa actualmente. El entorno digital bombardea con información constante que altera el ritmo natural de las personas y fomenta comparaciones perjudiciales.
Las plataformas digitales muestran escenarios ideales que generan una percepción de insuficiencia constante en los usuarios de México. Este estado de alerta continuo deteriora la estabilidad emocional y complica la capacidad para disfrutar el presente.
La especialista detalla el impacto de este fenómeno social en la salud: “Vivimos hoy en un mundo hiperconectado de redes sociales 24-7; tenemos el celular todo el tiempo a la mano, mandándonos, bombardeándonos con información, con noticias, con notificaciones; vamos scrolleando Instagram o TikTok y vemos vidas muy perfectas o personas que tienen la vara del éxito, digamos, demasiado arriba, tan arriba que la mayoría de las veces no podemos llegar ahí, digo, personas con vidas llamadas ‘perfectas’”.
Y agregó: “Eso alimenta una sensación de nunca voy a poder llegar, no soy suficiente, que dispara todo el tiempo nuestra sensación de alerta, que es lo que hace a la ansiedad”.

¿Cuál es la verdadera función de la alerta en el cuerpo según la experta?
La respuesta del organismo ante las amenazas constituye una función natural indispensable para la supervivencia humana. El conflicto surge cuando esta condición se vuelve crónica y se manifiesta mediante pensamientos catastróficos recurrentes.
Experimentar este estado de forma desbordada dificulta la organización diaria del ciudadano y eleva los niveles de cansancio. Los hábitos cotidianos y los entornos de crianza influyen directamente en la activación del mecanismo.
La psicóloga aclaró la naturaleza de esta reacción corporal y afirmó: “Ansiedad tenemos todas las personas; todos tenemos la capacidad de sintiar ansiedad y eso está buenísimo porque la ansiedad funcional es la que nos permite responder a las amenazas del entorno”.
¿Qué hábitos diarios mantienen al sistema nervioso en alarma constante?
El ritmo de vida acelerado y la falta de descanso adecuado impiden la recuperación óptima del cerebro. La anticipación constante a los problemas futuros incrementa la tensión acumulada de forma severa.
La privación de sueño y el consumo desmedido de estimulantes alteran el bienestar integral de la población. Modificar estas conductas resulta indispensable para mitigar los efectos del estrés crónico.
La especialista detalló los detonantes diarios de este padecimiento y puntualizó: “Dormimos mal, vivimos acelerados y preocupados, nos anticipamos a los problemas, nos exigimos más de lo que podemos sostener y estamos en alerta permanente. Nos cuesta frenar, disfrutar, descansar”.
¿Por qué no a todos les sirve lo mismo y qué revela la metáfora de los incendios?
El análisis de los malestares requiere identificar si la afectación se expresa en el cuerpo o la conducta. Cada individuo necesita recursos personalizados, ya que las soluciones genéricas no resultan efectivas siempre.
La psicoterapia busca profundizar en las conductas repetitivas de las personas para evitar recaídas emocionales en el futuro. La especialista explica los riesgos de abandonar las sesiones de forma anticipada.
“A mí me gusta mucho hablar de la metáfora de los incendios. Es una metáfora que dice que, cuando una persona llega a terapia, en general suele llegar porque tiene muchos incendios que quiere resolver. Y el momento en el que nosotros terminamos de apagar todos esos incendios, que es cuando yo ya me siento mejor, entonces no necesito más terapia”, señaló la autora de Frena tu cabeza, libro disponible en librerías en septiembre.
Y añadió: “Ese es el momento que yo llamo como más peligroso: las personas se sienten bien, abandonan el tratamiento. La psicoterapia no se trata de únicamente apagar estos incendios y nada más, sino que se trata de entender por qué yo armo estos incendios en mi vida”..
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