México reafirma su posición como una potencia mundial en biodiversidad. Recientemente, un equipo multidisciplinario liderado por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México ( UNAM ) confirmó el descubrimiento de la Yakacoatl tlalli, una serpiente endémica que representa no solo una nueva especie, sino un género completamente desconocido para la ciencia, habitante exclusiva de la región de la cuenca del río Balsas.
Este hallazgo subraya la riqueza biológica del territorio nacional, que alberga entre el 6.5 y el 12% de las especies del planeta. La Yakacoatl tlalli se suma a la lista de tesoros naturales que permanecían ocultos en la compleja topografía mexicana, demostrando que, incluso en zonas estudiadas, la naturaleza aún guarda secretos.
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Anatomía única: una serpiente diseñada para excavar
Lo que hace extraordinario a este descubrimiento son las características físicas que esta serpiente ha desarrollado para sobrevivir. Perteneciente a la tribu Sonorini, la Yakacoatl tlalli es un animal de hábitos fosoriales, es decir, pasa la mayor parte de su vida bajo tierra.
Según explicaron los expertos de la Facultad de Ciencias de la UNAM, como Antonio Yolocalli Cisneros Bernal y Oscar Flores Villela, este estilo de vida ha modificado su cuerpo a lo largo de la evolución.
Entre sus rasgos más sorprendentes destacan:
- Nariz en forma de pala: Posee una escama rostral modificada que funciona como herramienta para remover tierra y desplazarse en el subsuelo.
- Cráneo reforzado: Sus huesos presentan un rearreglo y fusión especial para soportar la presión al excavar.
- Ojos grandes: A diferencia de otras especies subterráneas que tienen ojos reducidos, esta serpiente conserva globos oculares de tamaño considerable.
- Hemipenes únicos: La estructura de sus órganos reproductores es completamente distinta a la de otras serpientes, lo que fue la clave taxonómica para determinar que se trataba de un género nuevo.

El hallazgo de la UNAM y el hábitat en el Río Balsas
La identificación de esta especie fue un trabajo colaborativo de alto nivel. Además de la UNAM, participaron especialistas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), la Universidad de Texas en Arlington y el CONICET.
El hábitat de la Yakacoatl tlalli se restringe a las tierras bajas de la cuenca del río Balsas, una zona caracterizada por ambientes secos (xerófilos) y rodeada de montañas. Este aislamiento geográfico funciona como una "isla ecológica", favoreciendo el endemismo, es decir, la existencia de especies que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo.
Sin embargo, estudiar a este reptil ha sido un verdadero desafío científico debido a su rareza y comportamiento esquivo:
- Registros limitados: Hasta la fecha, solo se tiene conocimiento de tres ejemplares (dos hallados muertos y uno vivo que fue liberado tras ser fotografiado).
- Alimentación misteriosa: Se encontró una cola de alacrán en el estómago de uno de los especímenes, sugiriendo una dieta basada en artrópodos, insectos y posiblemente lombrices.
- Difícil detección: Al vivir bajo tierra y ser de tamaño pequeño, los encuentros con humanos son fortuitos y extremadamente raros.
Retos de conservación y amenazas para la Yakacoatl tlalli
A pesar de la emoción que genera este descubrimiento, los investigadores advierten sobre un panorama incierto. Debido a la falta de datos suficientes sobre el tamaño de su población, no ha sido posible asignarle una categoría de riesgo oficial, lo cual es paradójicamente preocupante.
Las amenazas que enfrenta esta nueva especie son latentes y compartidas con otros reptiles en México :
- Cambio de uso de suelo: La destrucción de su hábitat natural para actividades humanas.
- Desinformación y miedo: La matanza directa por parte de personas que, al ver una serpiente, reaccionan con agresión por temor infundado.
- Cambio Climático: Aunque son reptiles de zonas cálidas, tienen límites térmicos estrictos; un aumento excesivo en la temperatura del suelo podría ser letal para su supervivencia.
El descubrimiento de la Yakacoatl tlalli conlleva una gran responsabilidad. Confirma la necesidad urgente de proteger los ecosistemas mexicanos para garantizar que estos linajes evolutivos únicos, que apenas estamos comenzando a comprender, no desaparezcan antes de que podamos conocerlos a fondo.
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