La neurociencia analizó el hábito de quejarse en un estudio realizado en 2024 y publicado por la revista Psychophysiology, y reveló que repetir pensamientos negativos activa los circuitos de estrés en el cerebro y aumenta los niveles de cortisol, la hormona que prepara al cuerpo para afrontar las amenazas.
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El descubrimiento explica por qué esta práctica no solo afecta el estado de ánimo, también la recuperación emocional y el cómo procesamos la vida diaria.
¿Qué le sucede al cerebro cuando nos quejamos?
Cuando una persona se queja constantemente, entra a un proceso llamado "rumiación", que implica revivir repetidamente situaciones desagradables, lo que activa las mismas redes neuronales que el estrés real.
El estudio descubrió que las personas que se quejaban tardaban más en normalizar sus niveles de cortisol, además de que la conectividad entre la corteza prefrontal y el sistema límbico se reducía, disminuyendo su capacidad para regular emociones.
¿Qué es el cortisol?
Es una hormona esencial que ayuda a la concentración y energía en niveles adecuados, sin embargo, cuando se eleva el cuerpo tiene dificultades para recuperarse, lo que genera fatiga, irritabilidad y dificultad para concentrarse.
Efectos a largo plazo de quejarse mucho
Quejarse constante altera la forma en que el cerebro se adapta, pues nos volvemos "eficientes" para detectar problemas y menos flexibles para encontrar soluciones. Esto también puede afectar áreas como el hipocampo, relacionado con la memoria, y a largo plazo aumenta la sensibilidad al estrés y la capacidad de afrontar las emociones.
¿Quejarse a veces o siempre?
Quejarse ocasionalmente puede ayudar a liberar tensión, pero el problema surge cuando esto se convierte en un hábito ya que retrasa la recuperación del cortisol y los efectos pueden ser acumulativos.
Consejos para quejarse menos
El cerebro tiene la capacidad de cambiar al adoptar nuevas estrategias, lo que reducirá el impacto del estrés asociado a las quejas:
- Cambia tu enfoque: Pregúntate qué puedes hacer o aprender
- Distráete con actividades como caminar o escuchar música
- Reinterpreta la situación con una perspectiva más equilibrada
- Cultiva la gratitud a diario, incluso por los pequeños logros
- Considera la meditación o la terapia cognitivo-conductual
Adoptar estos hábitos ayuda a regular el cortisol y a mejorar tu manejo emocional del estrés diario.
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