Un hábito que muchos consideran inofensivo podría estar pasando factura a la salud. Según un estudio reciente de EatingWell, el 63% de los adultos en Estados Unidos consume refresco al menos una vez al día, pero lo que comienza como una bebida refrescante puede generar efectos adversos significativos. Incluso las versiones "light" no escapan a los riesgos, advierten expertos.
México es el mayor consumidor de refrescos en el mundo, con un promedio de entre 160 y 166 litros por persona al año, superando por 40% al país vecino. Te presentamos los efectos negativos, un vez que los conozcas, reflexionarás sobre si debes seguir haciéndolo o no. ¿Por qué es malo tomar refresco?
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Daños irreversibles en boca y dientes
Los refrescos, ácidos y cargados de azúcar, son enemigos de los dientes. Scott Cardall, experto en protección bucal, explica: "Todo lo que sea muy ácido y con mucha azúcar puede causar caries. Los refrescos son bastante ácidos y suelen contener grandes cantidades de azúcar, que la placa y los microbios bucales convierten en ácido láctico y empiezan a disolver los dientes".
Ankit Patel, de 24/7 Dental, añade que estas bebidas reducen la producción de saliva, esencial para combatir bacterias: "La saliva juega un papel crucial en la salud bucal. Sin embargo, beber refrescos puede disminuir su producción, lo que dificulta que la boca combata las bacterias dañinas". El resultado: inflamación, hinchazón y recesión gingival.
Malestares digestivos
Quienes sufren gastritis, reflujo o úlceras deben tener especial cuidado. Nancy Mitchell, enfermera certificada, señala que el gas y la acidez presentes en los refrescos "pueden agravar los síntomas y provocar molestias, aunque no dañen directamente el revestimiento del estómago".
Cansancio y diabetes
Una sola lata de refresco de 355 ml puede contener hasta 37 gramos de azúcar añadido, superando con creces la ingesta diaria recomendada. Heather Davis, especialista en nutrición, advierte que este azúcar "provoca picos de glucosa en la sangre, cambios de humor, cansancio repentino y aumenta el riesgo de diabetes".
El doctor César Sauza agrega que si el cuerpo no quema este azúcar mediante actividad física, "el hígado lo transforma en triglicéridos, elevando el riesgo de hígado graso y enfermedades cardiovasculares".
Incluso las versiones sin azúcar presentan riesgos. Según Davis, los edulcorantes artificiales pueden alterar el microbioma intestinal y la regulación de la glucosa, incrementando el riesgo de síndrome metabólico y diabetes tipo 2. Además, podrían aumentar la tolerancia al dulzor, generando un mayor deseo de consumir productos azucarados.
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