Un equipo de científicos rumanos hizo un hallazgo impactante en la Cueva de Scărișoara, ubicada en los Cárpatos. En un núcleo de hielo de 25 metros de profundidad, reactivaron la cepa Psychrobacter SC65A.3. Esta superbacteria, resistente a antibióticos, permaneció congelada por unos 5,000 años, perfectamente adaptada al frío extremo similar al permafrost ártico.
First Genome Sequence And Functional Profiling Of Psychrobacter SC65A.3 Preserved In 5,000-year-old Cave Icehttps://t.co/wCDVPxOxmv #Astrobiology #genomics pic.twitter.com/kG5bbFnBHV
— Astrobiology (@astrobiology) February 18, 2026
La cueva es un tesoro natural único. Su Gran Sala preserva 13,000 años de historia ambiental en capas de hielo cristalino. Los expertos usaron protocolos esterilizados para extraer muestras sin riesgos de contaminación externa. En el laboratorio, cultivaron varias bacterias viables y destacaron esta por su resistencia inusual.
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¿Cómo es posible que una antigua bacteria sea resistente a medicamentos actuales?
El avance clave llegó al secuenciar el genoma de SC65A.3. Los análisis mostraron su capacidad para resistir 10 antibióticos modernos esenciales. Entre ellos están rifampicina, vancomicina y ciprofloxacino, usados contra infecciones graves como tuberculosis o sepsis.
Más de 100 genes en su ADN explican esta defensa natural. Evolucionó sin contacto con medicinas humanas modernas. Además, inhibe patógenos del grupo ESKAPE, responsables de muchas infecciones hospitalarias. Esto la convierte en un reservorio genético de alto riesgo potencial.
La investigadora principal, Cristina Purcarea del Instituto de Biología de Bucarest, lideró el estudio. Publicado en Frontiers in Microbiology, detalla pruebas exhaustivas con 28 antibióticos. Confirmaron resistencia a 10 clases clínicas ampliamente utilizadas en la medicina actual.
Los científicos compararon su genoma con otras Psychrobacter conocidas. SC65A.3 destaca por su adaptabilidad extrema al frío. Sobrevive en condiciones de baja temperatura y alta salinidad, típicas de glaciares y suelos permafrost.
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El cambio climático podría despertar nuevas bacterias superresistentes
El cambio climático representa la mayor alarma. Descongela permafrost y glaciares a ritmos acelerados, liberando estas bacterias antiguas. Sus genes resistentes podrían transferirse a patógenos modernos vía transferencia horizontal de genes. Esto agravaría la crisis global de antibióticos ineficaces.
Expertos estiman que el derretimiento podría exponer millones de microbios similares. En regiones como Siberia o el Ártico, ya se han detectado liberaciones previas. SC65A.3 ilustra cómo el pasado microbiano amenaza el presente humano.
Sin embargo, no todo es pesimismo. SC65A.3 contiene 11 genes antimicrobianos potentes contra bacterias, hongos y virus. Inhibe 14 de 20 patógenos probados en laboratorio. Otros 600 genes desconocidos abren puertas a nuevos fármacos o enzimas industriales.
Esta bacteria crece activamente a 15°C, sin formar esporas inertes. Tolera entornos hostiles como los polos. Por ello, los científicos demandan bioseguridad estricta en laboratorios que manejen estas muestras. Protocolos de contención nivel 2 o superior son recomendados.
El proyecto colaboró con expertos de Rumania, Chile y Bucarest. El hielo actúa como una cápsula temporal perfecta para microbios. Analizar estos reservorios es crucial ante el deshielo global acelerado.
La resistencia de SC65A.3 no surge de abuso humano de antibióticos. Es un mecanismo evolutivo puro, perfeccionado en milenios de aislamiento. Esto cuestiona ideas previas sobre orígenes de la resistencia bacteriana.
En biotecnología, su potencial es enorme. Genes para enzimas frías podrían usarse en detergentes o alimentos. Su capacidad antifúngica combate infecciones resistentes en clínicas. Los científicos planean pruebas adicionales para validar aplicaciones.
La comunidad médica observa con atención. Organismos como la OMS ya advierten sobre superbacterias emergentes. Este caso refuerza la necesidad de vigilancia en zonas glaciares remotas.
Además, el estudio resalta la importancia de cuevas como Scărișoara. Son archivos climáticos vivos, ideales para estudiar la evolución microbiana. Futuras expediciones podrían revelar más cepas similares.
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