Un nuevo estudio publicado en JAMA Neurology encendió el debate en la comunidad científica: mejorar la salud del corazón no necesariamente protege al cerebro del Alzheimer, al menos en el corto plazo.
La investigación, liderada por especialistas del Centro de Investigación Biomédica Pennington, analizó durante dos años si el ejercicio y el control intensivo de factores cardiovasculares podían frenar el deterioro cognitivo en adultos mayores.
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¿Por qué un corazón sano no siempre protege el cerebro?
Aunque suele pensarse que lo que beneficia al corazón también ayuda al cerebro, este estudio muestra que la relación no es tan directa. El corazón y el cerebro están conectados por la circulación sanguínea: si el primero funciona bien, debería llevar oxígeno y nutrientes al segundo de forma eficiente.
Sin embargo, el Alzheimer es una enfermedad compleja. No solo depende de factores como la presión arterial o el colesterol, sino también de procesos como la acumulación de proteínas anormales en el cerebro, la inflamación y la genética.
El doctor Jeffrey Keller, uno de los autores del estudio, lo resumió así: mejorar el estado físico no se traduce automáticamente en una mejora del funcionamiento cerebral.
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¿Qué hizo el estudio y qué encontraron?
La investigación incluyó a 480 personas de entre 60 y 85 años con factores de riesgo como hipertensión y antecedentes familiares de demencia. Durante 24 meses se probaron distintas estrategias:
- Ejercicio regular (160 minutos semanales)
- Medicación para controlar presión y colesterol
- Una combinación de ambas
- Atención médica habitual (grupo control)
Para medir la función cerebral, se utilizó el llamado Índice Cognitivo Preclínico de Alzheimer, que evalúa memoria, atención y otras capacidades.
El resultado fue claro: no hubo mejoras significativas en la función cognitiva entre quienes hicieron ejercicio, tomaron medicamentos o combinaron ambas estrategias, frente al grupo de control.
¿Entonces el ejercicio no sirve para prevenir el Alzheimer?
No exactamente, los especialistas subrayan que el ejercicio y el control de enfermedades como la hipertensión siguen siendo fundamentales para la salud general y la calidad de vida.
De hecho, el estudio sí mostró beneficios importantes:
- Reducción de la presión arterial
- Disminución del colesterol LDL (el llamado “colesterol malo”)
- Mejor condición física
El problema es que estos avances no se reflejaron en el cerebro en el plazo analizado.
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¿Qué significa esto para la prevención del Alzheimer?
Los expertos coinciden en que la prevención del Alzheimer requiere un enfoque más amplio, es decir, no basta con atender un solo aspecto de la salud.
Entre las estrategias que podrían ser más efectivas se encuentran:
- Estimulación mental (leer, aprender cosas nuevas)
- Vida social activa
- Alimentación equilibrada
- Control de enfermedades crónicas
- Actividad física constante
Además, los investigadores señalan que dos años podrían ser insuficientes para detectar cambios en el cerebro, por lo que se necesitan estudios más largos.
En resumen, cuidar el corazón sigue siendo clave, pero no es una garantía para evitar el deterioro cognitivo. La ciencia apunta cada vez más a que la salud cerebral depende de múltiples factores que deben atenderse de forma integral.
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