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Alerta ambiental en el mar Báltico: la herencia tóxica de la guerra que amenaza a los peces

Décadas después de la Segunda Guerra Mundial, miles de toneladas de armamento siguen deteriorándose bajo el agua y amenazando a los peces.

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Imagen ilustrativa|Inteligencia Artificial

El fondo del Mar Báltico guarda un legado silencioso de los grandes conflictos del siglo XX. Tras la Segunda Guerra Mundial, entre 40.000 y 60.000 toneladas de armas químicas fueron arrojadas a sus aguas, a lo que se suman enormes cantidades de municiones convencionales. En la actualidad, científicos investigan hasta qué punto esa herencia bélica representa una amenaza real para los peces y el equilibrio ambiental.

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Miles de toneladas de armas bajo el agua

Además de los arsenales químicos, el Dr. Michal Czub, biólogo del Instituto de Oceanología de la Academia Polaca de Ciencias, explicó a Euronews que solo en el siglo XX se habrían desplegado hasta 200.000 minas marinas en la región.

"Se calcula que en el siglo XX había hasta 200.000 minas marinas en el mar Báltico, que podían pesar desde decenas de kilogramos de explosivos hasta una tonelada", señala. Según el experto, los arsenales convencionales hundidos podrían ser incluso mayores que los químicos.

Aunque tratados internacionales como la Convención sobre Armas Químicas de 1993 o el Convenio de Helsinki (HELCOM) prohíben el vertido de armamento al mar, el investigador advierte que los conflictos actuales siguen generando contaminación bélica en otras zonas.

Corrosión, toxinas y una amenaza difícil de medir

Con el paso del tiempo, la corrosión de proyectiles y contenedores libera compuestos al agua y a los sedimentos. Sin embargo, Czub evita hablar de una “bomba de relojería”, ya que el impacto no necesariamente se manifiesta de forma repentina o visible.

"Es difícil saber, porque a lo mejor ya está ocurriendo, pero ni siquiera sabemos del todo qué es. Porque no todas las catástrofes tienen que ser tan obvias que todo muera de inmediato".

Las investigaciones han demostrado que algunos productos derivados de la degradación pueden ser incluso más tóxicos que los compuestos originales. Además, estudios recientes contradicen la antigua creencia de que el agua de mar neutraliza automáticamente las armas químicas.

En peces capturados cerca de Bornholm se detectaron toxinas en alrededor del 10% de las muestras analizadas, aunque en concentraciones bajas. Aun así, la falta de datos prolongados impide dimensionar con claridad el riesgo ecológico.

El cambio climático acelera el problema para los peces

El calentamiento de los mares añade un factor adicional. El aumento de la temperatura acelera la corrosión del metal, lo que puede incrementar la liberación de sustancias químicas.

"Estamos encontrando objetos totalmente corroídos", afirma el biólogo. En su opinión, muchos de los barriles que contenían armas químicas podrían haberse degradado por completo, mientras que los proyectiles de artillería, con metal más grueso, resistirían durante más tiempo.

La posible retirada de estos arsenales abre además un dilema legal: extraer armas químicas del fondo marino podría entrar en conflicto con convenios internacionales que prohíben su posesión.

Mientras continúan las investigaciones, el Mar Báltico se mantiene como un laboratorio natural para estudiar los efectos ecológicos de la guerra. La magnitud total del fenómeno aún es incierta, pero los expertos coinciden en que se trata de una amenaza latente que exige vigilancia constante y cooperación internacional.

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