La ciencia acaba de confirmar que los seres humanos poseen una forma avanzada del sexto sentido basada en el tacto remoto. Investigadores de la Queen Mary University of London y University College London demostraron que podemos detectar objetos ocultos bajo la arena sin necesidad de tocarlos directamente, solo interpretando sutiles cambios físicos en el entorno.
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El estudio, presentado en la conferencia IEEE ICDL 2025, revela que el cerebro humano procesa microvibraciones y variaciones de presión con una precisión sorprendente, lo que amplía lo que se creía posible dentro del sentido del tacto y abre nuevas oportunidades tecnológicas y científicas.
¿En qué consiste este “sexto sentido”?
Este fenómeno no es percepción sobrenatural, sino una extensión altamente refinada del tacto tradicional. Cuando una persona mueve el dedo por la arena, se generan pequeñas ondas de presión entre los granos. Estas alteraciones permiten:
- Detectar resistencias anormales provocadas por objetos enterrados
- Percibir vibraciones casi imperceptibles en la piel
- Anticipar la presencia de un obstáculo antes del contacto físico
Los mecanorreceptores de la piel captan estas señales microscópicas y el cerebro las interpreta de forma inmediata, creando una sensación de advertencia.
¿Cómo se realizó el experimento?
Los científicos trabajaron con 12 participantes en condiciones totalmente controladas. Cada persona introducía su dedo índice en cajas de arena seca, guiándose por luces para mantener movimientos uniformes. Durante las pruebas:
- En algunos casos había un cubo oculto
- En otros, la arena estaba completamente libre
- No existían pistas visuales
Los voluntarios debían detenerse justo cuando “sentían” la presencia del objeto, incluso sin tocarlo.
¿Por qué funciona especialmente en la arena?
La arena es un material granular que transmite fuerzas de forma irregular, a diferencia de superficies sólidas. Esto provoca que:
- El movimiento del dedo cree una zona de influencia frontal
- Los granos choquen de manera distinta si hay un objeto cercano
- Las presiones cambien antes del contacto real
Este entorno convierte a la arena en un amplificador natural de señales táctiles.
Humanos vs. robots: ¿quién lo hace mejor?
Los investigadores diseñaron un robot con sensores táctiles e inteligencia artificial para replicar esta capacidad. Los resultados mostraron que:
- El robot detectaba objetos a distancias similares
- Solo acertaba en 40 % de los casos
- Generaba muchos falsos positivos
En contraste, los humanos alcanzaron una precisión del 70.7 %, demostrando que el cerebro supera a los sistemas artificiales.
¿Para qué podría servir en la vida real?
Esta habilidad podría tener aplicaciones directas en múltiples áreas:
- Búsqueda de personas bajo escombros o arena
- Localización arqueológica sin excavaciones invasivas
- Exploración de suelos extraterrestres
- Desarrollo de prótesis con sensibilidad avanzada
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