Aunque las cifras oficiales presumen un buen 2025 para el turismo, la letra chiquita cuenta otra historia: crecieron los visitantes, sí, pero la mayoría fueron cruceristas y fronterizos que dejan pocas divisas; y, descontando la inflación, los ingresos reales avanzaron poco. Peor aún, el turismo aéreo —el que aporta cerca de 80% de las divisas— cayó en destinos clave como Cancún y Puerto Vallarta, mientras Los Cabos apenas se movió.
El Mundial de 2026 dará un empujón temporal al PIB y al flujo de viajeros, pero no será la panacea: no llegarán millones adicionales a los destinos de playa si no hay promoción, conectividad y una estrategia clara para competir con el imán de las ciudades de Estados Unidos. Con vuelos internacionales a la baja y la percepción de inseguridad pesando en la decisión de viaje, el reloj corre: lo que no se haga hoy en promoción, rutas y seguridad, no se recupera mañana.