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02 julio 2017 10:07hrs
17 junio 2020 14:06hrs
Redacción ADN40
Internacional

Abusos, maltratos y suicidios detrás de cada llamada de iPhone

Date un minuto, busca la caja en la que venía tu iPhone. ““Diseñado por Apple en California, ensamblado en China”, leerás enseguida.

Detrás de esa frase hay una aterradora realidad. Por primera vez un periodista estadounidense pudo infiltrarse en la fábrica de Foxconn en China, donde se ensamblan los productos de la manzanita.

The Guardian informa que esta fábrica es célebre por el alto número de suicidios de los trabajadores de la planta (18 intentos de suicidio y 14 muertos), todo por culpa de unas condiciones de trabajo inhumanas:

Salarios bajos, jornadas interminables, empleados hacinados… incluso hay redes anticaídas en la fachada para recoger a todos aquellos que decidieran saltar al vacío.

El periodista infiltrado asegura que hay guardias de seguridad en todas las puertas. Los trabajadores deben mostrar su tarjeta de identificación cada pocos pasos. Y a los transportistas se les obliga a firmar dejando sus huellas dactilares.

Las jornadas laborales duran en promedio 12 horas, los jefes son agresivos. Nadie aguanta más de un año. Y es que un empleado tiene que pulir mil 700 teléfonos por día, o lo que es lo mismo, tres pantallas por minuto, durante un turno de 12 horas. Y no puede haber interrupciones.

Los trabajadores deben permanecer en silencio y si alguien pide ir al baño, se le amonesta. Donde duermen los empleados, afuera de la fábrica, las alcobas están diseñadas para ocho personas, pero suelen dormir doce.

Además, los nuevos contratos incluyen una cláusula que obliga a pagar una indemnización a todos aquellos que abandonen el trabajo antes de cumplir los tres meses de prueba.

Y cuando alguien comete un error, recibe una reprimenda en público. “Aquí es así. Un día muere alguien y al otro día eso nunca pasó“, explica una fuente del periodista.

En aquellas instalaciones oxidadas, lo que más llama la atención es la cantidad de jóvenes con miradas perdidas y semblante triste. “No vi a nadie sonriendo, en ningún momento”, asegura el periodista. Todo lo contrario que pasa en la sede de Apple en California; todo lo contrario de quien usa un iPhone.

vsv

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