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Los expertos en textiles coinciden: el jugo de limón es otro aliado que no debe faltar para blanquear sábanas

Usar lejía para blanquear las sábanas puede dañar las fibras. Ante esto, ingredientes como el limón, el percarbonato de sodio y el agua oxigenada permiten recuperar el blanco de las sábanas sin perder la calidad de la tela.

Sábanas El jugo de limón funciona como blanqueador natural para sábanas amarillentas. (ChatGPT)

Las sábanas blancas tienden a adquirir un tono amarillo con el tiempo, y no siempre los productos más agresivos —como la lejía— son la solución. El jugo de limón, el percarbonato de sodio y el agua oxigenada pueden ser aliados caseros efectivos para recuperar el blanco al meter estos textiles en la lavadora.

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¿Cómo blanquear sábanas amarillentas con limón?

De acuerdo con la American Cleaning Institute (ACI), si tienes sábanas blancas que están tornándose amarillas, entonces debes saber que el jugo de limón es un aliado en la limpieza, ya que funciona como blanqueador natural y puede usarse de dos formas.

La primera es combinarlo con percarbonato de sodio, especialmente cuando las manchas amarillas ya están asentadas: se mezclan 2 cucharadas de percarbonato con 250 ml de jugo de limón y se diluyen en un litro de agua caliente. La ropa se deja en remojo durante media hora, removiéndola de vez en cuando, y luego se lava en la lavadora con el programa habitual, agregando 2 cucharaditas más de percarbonato al detergente.

La segunda opción es usar el limón solo: se exprimen 2 limones en un litro de agua muy caliente, se sumerge la ropa durante 30 minutos y después se lava y se tiende al sol.

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Tender las sábanas al sol y bien estiradas contribuye al blanqueado. Pero lo recomendable antes de lavar es leer las etiquetas, ya que distintos textiles pueden tener procedimientos diferentes. Las sábanas de seda, por ejemplo, deben secarse a la sombra. (Créditos: PEXELS | Sergey Filippov)

¿Qué evitar al lavar sábanas blancas?

Hay un error frecuente: recurrir a la lejía o al amoniaco. Aunque parecen la vía rápida, dañan las fibras y con el tiempo pueden generar cercos y marcas amarillentas en la tela, justo el problema que se busca resolver.

La recomendación es lavar con agua fría, a una temperatura máxima de 30 grados, revisando siempre las etiquetas del textil antes. Al tender, conviene hacerlo al sol y con la ropa bien estirada, ya que la luz solar contribuye al blanqueado.

Para las sábanas delicadas, como las de seda, el cuidado debe ser mayor: se lavan con agua templada y, si ya perdieron blancura, pueden sumergirse en agua fría con 2 cucharadas de leche y unas gotas de agua oxigenada por cada litro. Después se enjuagan y se ponen a secar a la sombra, no al sol.

Un último truco que ahorra trabajo: tender las sábanas cuanto antes y estirarlas bien sobre el tendedero sin dejar pliegues. Así el secado es más parejo y el planchado posterior resulta mucho más sencillo.

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