Un artículo de la Universidad de Columbia Británica señala que el riesgo de que la basura espacial afecte los espacios aéreos más transitados del mundo está aumentando, con un riesgo estimado del 26%.
Aunque la probabilidad de que esos fragmentos de basura espacial impacten directamente contra una aeronave es baja, actualmente es calculable. Un análisis realizado en el año 2020, de acuerdo con el portal Space.com , estima que para 2030 la posibilidad de que un vuelo comercial choque con estos desechos podría ser de aproximadamente 1 entre 1,000.
"Las aeronaves pueden verse afectadas por fragmentos de escombros mucho más pequeños. Por ejemplo, volar a través de las cenizas de un volcán es arriesgado debido a las partículas diminutas", explica Benjamin Virgili Bastida, ingeniero de sistemas de desechos espaciales de la Agencia Espacial Europea. "Algo similar podría ocurrir con los desechos que reentran en la atmósfera”, acotó.
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Antecedentes de incidentes con basura espacial
Aunque la mayoría de los vuelos comerciales han evitado incidentes graves, la basura espacial representan un riesgo real para la aviación.
Existen antecedentes preocupantes, como el caso de noviembre de 2022 cuando la etapa central del cohete chino Long March 5B reingresó a la atmósfera sin control, lo que provocó cierres temporales del espacio aéreo cerca de España.
El núcleo del cohete pesaba aproximadamente 20 toneladas, mucho más que la mayoría de los fragmentos que reingresan, y China no proporcionó información detallada sobre su trayectoria ni sobre el posible reingreso. La mayor parte de la estructura se desintegró y finalmente cayó en el Océano Pacífico Sur, sin causar daños en tierra.
Otro evento similar tuvo lugar en marzo de 2025 con la reentrada sin control de la segunda etapa de un cohete Falcon 9, que había fallado al desorbitar dos semanas antes. El propulsor de 13,8 metros de largo por 3,66 metros de diámetro se desintegró sobre el norte de Europa.
Retos en la predicción y gestión de la basura espacial
La nota de Space.com considera que decidir cuándo y dónde cerrar el espacio aéreo es complejo. Incluso durante la última órbita antes del reingreso, el margen de error puede abarcar miles de kilómetros, lo que obliga a los controladores aéreos a elegir entre no actuar y arriesgar vidas o cerrar enormes franjas de cielo, generando retrasos y pérdidas millonarias.
Durante la reentrada del Long March 5B en España, más de 300 vuelos se vieron afectados.
Ian Christensen, analista de aviación de la Fundación Mundo Seguro, afirma que la Administración Federal de Aviación (FAA) y la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) trabajan con empresas como SpaceX, ULA y Blue Origin para desarrollar cierres más precisos durante los lanzamientos de cohetes, un enfoque que podría aplicarse también a la reentrada de basura espacial.
Para tomar decisiones acertadas, los controladores necesitan información sobre cuándo y dónde reingresará un fragmento y qué tan grave sería la amenaza para un avión según su tamaño, velocidad y características. Investigadores están desarrollando modelos más precisos que permitan calcular riesgos y determinar cuándo es necesario cerrar el espacio aéreo.
Asimismo, factores como temperatura, densidad del aire y actividad solar afectan la velocidad de frenado y la desintegración de los objetos. Para mejorar estas predicciones, la misión DRACO de la Agencia Espacial Europea, prevista para finales de 2027, medirá cómo se desintegra un satélite durante su reentrada, lo que permitirá tomar decisiones más precisas sobre cierres del espacio aéreo y reducir los riesgos para la aviación.
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