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Esto dice la ciencia sobre la “fortaleza” de los niños de los 60 y 70; no fue su crianza lo que los hizo resilientes

Existe una lucha de egos entre la “generación de cristal” y la “vieja escuela”; en adn Noticias te decimos por qué los niños de aquel entonces eran más fuertes según la psicología y aclaramos de una vez por todas qué crianza es “mejor”.

Crianzas actuales y antiguas En adn Noticias te decimos por qué los abuelitos toleran más la frustración y la clave para que las futuras generaciones sean mejor. (fizkes/Getty Images/iStockphoto)

La “vieja escuela” siempre se queja de que “ya no los crían como antes” y que su fortaleza viene de tradiciones y valores que actualmente no se enseñan en los núcleos familiares; sin embargo la resiliencia de los Baby Boomers —niños de los 60 y 70— no llegó de la maternidad o paternidad de aquel entonces.

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Aunque la mayoría de las personas de estas generaciones se jacten de haber tenido una “crianza superior”, la realidad que golpea es otra. Su resiliencia autónoma vino de la baja supervisión adulta, de caminar solos a la escuela y resolver sus propias peleas internas y externas; esto sí forjó su independencia.

¿Por qué los niños de los 60 y 70 tienen mayor tolerancia a la frustración?

El psicólogo Peter Gray publicó en marzo del 2023 un artículo llamado “La disminución de la actividad independiente como causa de la disminución del bienestar mental” junto con otros investigadores, donde se llegó a la conclusión de que la capacidad de los niños de antes para negociar reglas y organizarse sin la intervención de sus padres funcionó como un entrenamiento emocional.

En la misma línea, la psicóloga Jean Twenge trajo a la mesa el concepto de “Locus de control” en su libro Generación Yo, donde aclaró que, mientras los jóvenes de los 60 sentían dominio sobre sus propias vidas, para el año 2002 las nuevas infancias comenzaron a sentir que factores externos controlaban su destino.

En sí, la pérdida de control personal está directamente ligada al aumento de ansiedad y depresión.

Es por ello que la tolerancia a la angustia y el aburrimiento ya no es común de ver en las nuevas generaciones, pues antes el convivir con la incomodidad era cotidiano; esperar sin estímulos inmediatos ni distracciones digitales desarrolló una capacidad de afrontamiento que hoy —con la hipervigilancia y resolución inmediata de los padres— se debilitó.

¿Qué crianza es mejor entonces, la vieja o la actual?

Existe un lado oscuro de la “vieja escuela”, pues no es un modelo perfecto, no hay validación emocional y existe un fuerte estigma hacia la salud mental. Esto dejó secuelas silenciosas en muchos adultos que se perpetuaron en sus linajes.

El impacto en las cifras es claro, a pesar de que los modelos de crianza hoy son más protectores, la salud mental de los jóvenes está más vulnerada que nunca.

En México, más de la mitad de la población experimenta síntomas de ansiedad, reveló la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (Enbiare) del Inegi, afectando fuertemente a las generaciones más jóvenes.

Esto coincide con los reportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que advierte que 1 de cada 7 adolescentes padece algún trastorno mental.

En conclusión, la sobreprotección moderna no es igual a mayor bienestar psicológico, pero la independencia tampoco es la solución. Aún se busca un balance entre ambas crianzas.

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