Durante décadas, la evolución humana tuvo un tramo poco claro: un período en África del que casi no existían restos fósiles. Ese vacío abarcaba cientos de miles de años y coincidía con el momento en que, según la genética, se separaron los linajes que darían origen al ser humano moderno y a los neandertales.
Ahora, un equipo internacional liderado por Jean-Jacques Hublin, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, presentó en la revista Nature un conjunto de fósiles con una antigüedad cercana a los 773.000 años que podría encajar exactamente en ese punto perdido de la historia.
Los restos fueron encontrados en la cueva Grotte à Hominidés, dentro del yacimiento Thomas Quarry I, en las afueras de Casablanca.
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Cómo fue el hallazgo en África
El hallazgo fue un conjunto de piezas óseas pertenecientes a distintos individuos, entre ellos un adulto y un niño. Mandíbulas casi completas, vértebras, dientes y fragmentos de huesos largos permitieron a los especialistas reconstruir parte de la anatomía de estos homínidos.
Lo más llamativo es que sus rasgos no encajan del todo con especies ya conocidas. Presentan características primitivas asociadas a Homo erectus, pero también muestran rasgos más avanzados que anticipan formas posteriores.
Esa combinación los ubica en una posición evolutiva estratégica: podrían representar una población intermedia que antecede tanto al Homo sapiens como a los neandertales y denisovanos.
Hasta ahora, la ausencia de fósiles en África correspondientes al período comprendido entre un millón y 600.000 años atrás dificultaba sostener con evidencia física lo que la genética ya sugería.
Los investigadores sostienen que estos homínidos vivieron precisamente en el intervalo temporal en el que se produjo la divergencia entre las distintas ramas humanas. Eso refuerza la hipótesis de que el proceso ocurrió en el continente africano.

Diferencias con Europa en el hallazgo
Aunque son contemporáneos al Homo antecessor, descubierto en España y fechado en una antigüedad similar, los fósiles marroquíes presentan diferencias anatómicas claras. Esto sugiere que ya existían poblaciones separadas a ambos lados del Mediterráneo.
Mientras en Europa se desarrollaba una línea que más tarde desembocaría en los neandertales, en el norte de África podría haberse consolidado la rama que finalmente dio origen al ser humano moderno.
Un detalle revelador es que algunos huesos muestran marcas de mordeduras, probablemente de hienas. La cueva habría funcionado como refugio de carnívoros, lo que indica que estos homínidos compartían territorio con grandes depredadores y que su supervivencia dependía de estrategias complejas.
Si futuras investigaciones confirman esta interpretación, los restos de Casablanca podrían convertirse en una de las piezas más importantes para comprender el origen de nuestra especie.
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