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Bahidorá 2026: comunidad, sostenibilidad y un cartel diverso que redefine la experiencia festivalera

Pudimos platicar con Iñigo Villamil, fundador de Bahidorá, un festival fuera de lo común con un espíritu que se expande cada año y este 2026 no será la excepción.

Entrevista Bahidorá 2026
Todo listo para Bahidorá 2026|Cortesía

Con su edición 2026, Bahidorá reafirma su identidad como un festival donde la música, la naturaleza y la comunidad conviven en equilibrio, intención y diversidad cultural.

“Queremos que la gente llegue con el corazón abierto”: Íñigo Vázquez sobre Bahidorá 2026

Con el cartel de Bahidorá 2026 ya revelado, la emoción es palpable dentro y fuera de la comunidad que ha acompañado al festival durante más de una década. Para Íñigo Vázquez, parte fundamental del equipo detrás del proyecto, esta edición representa no solo una curaduría especialmente cuidada, sino un momento de madurez colectiva.

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¿Cómo te sientes con el cartel ya afuera?

“Muy contento. Es un cartel hiperdiverso, pero nada está elegido al azar. Cada artista tiene una razón clara de estar ahí y todos son vigentes, aunque por razones muy distintas. Hay propuestas locales, regionales, veteranos de la electrónica, figuras del reggae, del pop… como Kings of Convenience. Es un cartel que mantiene la esencia de otros años, pero con una selección completamente nueva”.

Íñigo asegura que 2026 podría convertirse en una de las ediciones con mejor energía en la historia del festival. “Siento que puede ser la mejor vibra que hemos tenido. De principio a fin, todos los artistas valen la pena”.

La filosofía de “donde todo fluye”

Bahidorá no se entiende sin su filosofía: vivir el festival como un retiro de fin de semana, más allá de solo consumir música. Esa idea ha evolucionado desde la primera edición.

“Al inicio era una sola noche. Muy poco. Luego entendimos que llegar el viernes e irte el lunes cambia completamente la intención. Te instalas, bajas el ritmo, ya no tienes prisa. Puedes cansarte, descansar, meterte al río, comer, volver a un escenario. Un día no era suficiente para entrar en ese estado”.

Ese cambio de formato permitió sumar actividades y experiencias que hoy hacen del festival algo profundamente personal para cada asistente.

Escuchar a la comunidad y rediseñar año con año

Las nuevas experiencias —como Oasis Banamex o las distintas formas de habitar el camping— nacen de un proceso constante de escucha.

“Nunca es perfecto. Recibimos retroalimentación todo el tiempo: encuestas, entrevistas, testimonios y también viviéndolo nosotros mismos. Durante el festival mi trabajo es estar ahí: ir a los escenarios, a los baños, al río, comer lo mismo que la gente. El diseño es iterativo: pruebas, corriges y vuelves a probar”.

Sostenibilidad como condición para existir

Bahidorá se realiza en Las Estacas, un área natural protegida, y eso implica una responsabilidad permanente.

La sostenibilidad no es un discurso, es literal: si no cuidamos el espacio, el festival no puede continuar. Trabajamos sobre tres ejes —ambiental, social y económico— y también uno cultural. Tenemos que ser relevantes, congruentes con los valores de la comunidad y respetuosos con quienes habitan y operan el lugar”.

Ese trabajo conjunto ha permitido que Bahidorá llegue a su edición número 13 como un fenómeno cultural vivo.

El valor de lo colectivo

“Nada de esto lo hace una sola persona. El festival existe por el trabajo de miles. La mayor satisfacción es saber que ninguno de nosotros podría hacerlo solo”.

Esa lógica se extiende al público: “La gente no solo viene a consumir música, viene a cuidar el espacio, a aportar energía. Todo se vuelve colectivo”.

Una curaduría diversa y artistas difíciles de traer

Sobre los retos del cartel, Íñigo lo tiene claro: “El más difícil fue Ricardo Villalobos. No venía a México desde hace casi 20 años. Fue un trabajo de años, de muchas personas conectadas. Hoy los artistas no solo buscan tocar, quieren vivir una experiencia real y conectar con el público. Eso pasa en Las Estacas”.

Entre los actos que más lo emocionan menciona a Villalobos, Crudo Means Raw, Bebé Beatrix, Portishead-like propuestas electrónicas, Dan Snaith con su proyecto club, y el set extendido de Mad Professor junto a Sister Nancy, pensado para un domingo de reggae dub que dialogue con el entorno.

El futuro de Bahidorá

Íñigo imagina el futuro del festival como una red cada vez más amplia de comunidades que se cruzan: colectivos locales como Noche Negra, Danzón, Diáspora, Funk, sellos internacionales y proyectos como Rainbow Disco Club desde Japón.

“Cada comunidad trae lo suyo, pero todas se mezclan. Bahidorá se está convirtiendo en una plataforma de intercambio cultural real”.

La invitación

“Es una comunidad abierta. No tienes que ‘pertenecer’ a nada, solo llegar con el corazón abierto. Boletos en bahidora.com, quédense en Las Estacas si pueden, es la mejor forma de vivirlo. Atrévanse a vivir la experiencia completa… casi siempre, quien viene una vez, regresa”.

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