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Gobierno pide diálogo, mientras comunidades en Guerrero son amenazadas y desplazadas por la violencia

Comunidades enteras en Guerrero viven bajo amenaza y desplazamiento forzado, mientras el gobierno insiste en el diálogo con criminales. ¿Cómo se llegó a este punto y quién protege a las víctimas?

desplazamiento en Guerrero Comunidades en Guerrero enfrentan desplazamiento forzado y amenazas por la violencia entre grupos criminales (Organización Tlachinollan)

A inicios de la semana, pobladores de Chilapa, Guerrero, mediante el Concejo Indígena y Popular Emiliano Zapata (CIPOG-EZ), volvieron a alzar la voz y pidieron ayuda al ser desplazados por un conflicto entre grupos del crimen organizado; sin embargo, el gobierno apuesta únicamente por el diálogo.

Mientras las comunidades de Tula, Xicotlán, Huehuetlán y Buenavista, por mencionar algunas, han sido blanco de ataques que han dejado a personas sin hogar, sustento ni pertenencias, las autoridades se pusieron a dialogar con los criminales para que “les dieran permiso” de que las víctimas regresen a sus casas.

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Autoridades aseguran que el diálogo es el camino; víctimas se sienten desprotegidas

Por medio de un comunicado de prensa, autoridades aseguraron que creen en la resolución pacífica de los conflictos, es decir, mediante acuerdos, pero cómo se puede conseguir esto cuando la población está desprotegida.

En los mensajes que difundieron en redes sociales, los habitantes de las comunidades guerrerenses aseguraron que los ataques no se dan únicamente con armas largas, sino también mediante ataques con explosivos, por lo que diariamente sus vida está en peligro.

Además, denunciaron que les es imposible acceder a servicios de salud o bancarios, debido a que todo se encuentra en la cabecera municipal, pero no se pueden acercar debido a las amenazas y constantes conflictos.

¿Cómo inició el conflicto entre “Los Tlacos” y “Los Ardillos”?

Fundación de los grupos

Los Ardillos fueron fundados en el año 2000 por Celso Ortega Rosas, mejor conocido como La Ardilla y exmiembro de la policía rural, así como sus hijos Jorge Iván y Celso Ortega Jiménez en las comunidades de la Montaña Baja de Guerrero, donde históricamente se ha dado el cultivo de amapola.

Desde sus inicios se dedicaron al secuestro y extorsión, incluso investigaciones periodísticas apuntan a que tuvieron nexos con el Cártel de los Beltrán Leyva.

En 2008 el líder fue arrestado, liberado tres años después y, casi instantáneamente, fue asesinado en enero de 2011; la organización quedó a cargo de sus hijos, quienes son señalados por comunidades indígenas como los artífices del desplazamiento forzado.

En tanto, Los Tlacos nacen en 2017 como un brazo de la Policía Comunitario de General Heliodoro Castillo en Tlacotepec y el liderazgo recayó en Onésimo Marquina Chapa, alias El Necho; sin embargo, datos filtrados de la Secretaría de la Defensa Nacional aseguran que tendrían actividad desde 2010.

El grupo se habrían fusionado con una facción de Guerreros Unidos (agrupación señalada como responsable de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa), así como con operadores de Los Rojos.

Inicio de la confrontación

En 2021 es cuando todo estalló entre ambos grupos, aunque no se dio un hecho en específico que iniciara la batalla; sin embargo, empeoró la situación cuando en junio de 2022 Los Tlacos emitieron una declaratoria de guerra contra Los Ardillos mediante redes sociales.

Desde entonces, los grupos se han dedicado a atacarse sin medir las consecuencias con la población civil, provocando muertes y desplazamiento.

Es ante esto que la crítica al diálogo del gobierno incrementa, ya que dejaron que una problemática creciera y causara la muerte de decenas de personas; mientras que la solución solo es un acuerdo.

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