México es considerada una zona sísmica por lo que los temblores son muy comunes y para conocer más sobre los sismos ocurridos en septiembre, Luis Quintanar Robles, responsable de la Red Sismológica del Valle de México e investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM nos explica qué hay detrás de las coincidencias en 1985, 2017 y 2022.
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¿Qué dice la ciencia sobre los sismos ocurridos en 1985, 2017 y 2022?
Primero es importante destacar que los sismos ocurrieron muy apartados en el tiempo por lo que se descarta una relación de causa-efecto entre uno y otro. Sin embargo, esta no es la primera vez que ocurre un temblor en la misma fecha.
“A lo largo de toda la historia sísmica de México han ocurrido sismos el mismo día pero en diferentes años no solo el del 19 de septiembre, un 7 de junio han ocurrido cinco sismos en 1911, 1918, 1976 y dos en 1982. un 25 de julio han ocurrido tres, un 19 de septiembre evidentemente han ocurrido otros tres, un 24 de octubre han ocurrido cuatro” explicó el investigador.
Así que desde el punto de vista científico este no es un fenómeno raro, pero la población tiene en mente los ocurridos en los últimos años sobre todo por la gran destrucción que hubo.
“Lo único que los puede conectar es que han ocurrido en la zona de subducción mexicana, es decir, aquel lugar de la costa en donde la placa oceánica se está metiendo o subduce, le llamamos nosotros, por abajo de la placa continental, pero sí insisto en que no tienen una relación de causa-efecto unos con otros” aclaró Luis Quintanar.
¿Qué diferenció a los sismos del 19 de septiembre?
El temblor de 1985 ocurrió a una profundidad de unos 15 km en la zona costera de Michoacán; mientras que el del 19 de septiembre de 2017 ocurrió al interior del continente aproximadamente a 50 a kilómetros de profundidad en la en la frontera entre Puebla y Morelos. Además de la profundidad, el lugar donde ocurren los sismos juega un papel importante.
La composición del suelo en la CDMX no es la misma en todos lados, en la zona del centro el subsuelo es lacustre, es decir, con restos de sedimentos de lo que fueron los antiguos lagos que existían. En la zona del poniente como Mixcoac o en el oriente en Milpa Alta el suelo cambia de composición. Esto influye en la manera como se sienten los sismos.
“No es lo mismo que las ondas sísmicas viajen por un suelo poco consolidado, digamos por sedimentos a que viaje por zonas donde predomina la roca. Las ondas sísmicas se van a amplificar más en suelos lacustres que en suelos consolidados”, señaló Luis Quintanar Robles, responsable de la Red Sismológica del Valle de México.
Además indicó que la composición del suelo influyó en los sismos de septiembre, en 1985 los daños ocurrieron en la zona centro y el 19 de septiembre de 2017, los mayores daños ocurrieron en la zona intermedia entre los sedimentos y los suelos consolidados. Así que el tipo de suelo es fundamental para la manera como se siente un sismo, tanto en su duración como en la intensidad del movimiento.
Después de 1985, 2017 y 2022, ¿cuál es el principal mensaje que la ciencia debería transmitir a la población?
Para Luis Quintanar Robles, responsable de la Red Sismológica del Valle de México, la población de la CDMX principalmente debe asumir que vivimos en una zona sísmica y desafortunadamente los temblores no se pueden predecir, así que lo único que queda por hacer es recurrir a las acciones de prevención.
Lo que se recomienda es vigilar nuestras construcciones, el lugar donde habitamos, la casa, el departamento. Si después de un sismo aparece una grieta verificar que no esté asociada a una falla de tipo estructural y en caso de que así sea se debe reforzar la vivienda con instalación de vigas que refuercen muros.
Y finalmente es indispensable que los simulacros se lleven a cabo con toda conciencia para que cuando ocurra un sismo todas las acciones que se practican se realicen.
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