En los remotos paisajes de Alaska , un fenómeno natural inusual se presentó para la sorpresa de todos: Ríos naranjas . En este sentido, la explicación científica está relacionada con el deshielo del permafrost, una capa de roca o suelo que contiene hielo y permanece congelada durante dos o más años.
Esta situación se debe a que el calentamiento global provoca que Alaska suba sus temperaturas a una tasa de entre dos y tres veces más rápida que la media mundial, lo que hace que el permafrost se reduzca antes del tiempo promedio, según detalló el estudio de la revista Communications: Earth & Environment.
De este modo, no se trata de una belleza natural, sino que la situación continúa empeorando, lo que plantea riesgos para los hábitats de la fauna local y algunos sistemas ecológicos. Además, es importante destacar las posibles implicaciones para la salud humana.
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El motivo por el que los ríos de Alaska se ponen naranjas
El permafrost es cualquier suelo que permanezca completamente congelado, a 0 °C o menos, durante al menos dos años seguidos, y su deshielo expone los minerales al oxígeno en un proceso conocido como meteorización. Este fenómeno incrementa la acidez del agua y provoca la disolución de metales como el zinc, el cobre, el cadmio y el hierro, este último responsable del color naranja oxidado que caracteriza a los ríos.
Ante la problemática ya descrita, esta capa se vuelve incapaz de soportar el peso del suelo o la vegetación que hay sobre ella, lo que permite que materia orgánica, incluyendo restos de plantas muertas, sea liberada al agua. A su vez, también se detectó una marcada disminución en la diversidad de insectos, moluscos y anélidos que residían en los ríos, acompañada de una reducción en la población de peces en la región.
Decenas de ríos y arroyos de Alaska se vuelven naranjas, visibles desde el espacio, ahora tan ácidos como el jugo de limón, debido a la liberación de contaminantes por el deshielo del permafrost.
— CIDES (@cidesnet) May 28, 2024
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Estos cuerpos de agua, que deberían reflejar tonos azules o verdes característicos, sorprenden con sus tonalidades naranjas y, como consecuencia, pueden liberar metano y dióxido de carbono a la atmósfera. Es decir, sí hay riesgos, ya que existen posibilidades de que un virus o bacterias queden libres en el proceso.
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