Cada otoño muchas personas se entretienen tallando calabazas para convertirlas en divertidos adornos de Halloween. Pero con el paso de los días, la calabaza se decolora, se hunde por dentro o desprende un olor feo como efecto de los microorganismos. Para evitar que eso suceda de forma prematura y hacer que duren más, se puede usar vaselina, explica un especialista.
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¿Por qué se pudre la calabaza después de tallarla?
Según explica Nick Volesky, especialista en horticultura y cultivos especiales de la Universidad Estatal de Dakota del Sur (Estados Unidos), varias razones explican por qué la calabaza se pudre después de tallarla. Uno de los motivos tiene que ver con el propio corte: al sacarle las semillas y las fibras, queda una cavidad abierta. Eso deja expuestas partes que normalmente están protegidas, como la cáscara interna y la pulpa. Esa exposición a la temperatura, la luz y la humedad del ambiente es justamente lo que permite que hongos, bacterias y otros organismos empiecen a degradar la calabaza por dentro.
El moho suele ser lo primero que se nota y avanza soltando esporas microscópicas que flotan en el aire hasta encontrar una superficie donde posarse y germinar, sobre todo en ambientes cálidos y húmedos. Una vez instalado, libera enzimas que van disolviendo el tejido, hasta que aparecen manchas suaves y afelpadas.
Según detalla Volesky, también existen las llamadas podredumbres bacterianas, que no muestran pelusa ni crecimiento visible, sino zonas hundidas, blandas y oscurecidas, mientras las bacterias degradan el tejido fibroso y se alimentan de los azúcares de la fruta. A diferencia del moho, estas suelen tardar varias semanas en mostrar señales visibles.

¿Cómo hacer que la calabaza tallada dure más tiempo?
Para frenar la propagación de patógenos, Volesky recomienda empezar por lo básico: limpiar bien la calabaza antes de tallarla, quitando cualquier resto de tierra o suciedad de la cáscara y esterilizar el equipo de talla —cucharas, cuchillos, sierras— sobre todo si se trabaja con varias calabazas al mismo tiempo, para no pasar patógenos de una a otra.
Al retirar semillas y fibras, conviene sacar la mayor cantidad posible, ya que eso reduce la superficie disponible para que los patógenos se desarrollen. Una vez terminada la talla, Volesky sugiere sumergir, lavar o rociar la pieza con una solución de cloro al 10% u otro desinfectante, para eliminar los microorganismos presentes.
Ahí es donde entra la vaselina: el especialista recomienda “frotar vaselina sobre las superficies expuestas para ayudar a retener la humedad y ralentizar el proceso de secado”. Para la iluminación, aconseja usar una luz eléctrica o una barra luminosa en lugar de una vela, ya que una vela hace que la calabaza se “cocine” por dentro y se deteriore más rápido.
Por último, recomienda mantenerla en un rango de temperatura de entre 10 y 15.5 grados: el calor acelera el crecimiento de los patógenos, mientras que el frío extremo —por debajo de 0°C— daña el tejido, que se descompone rápidamente apenas se descongela.
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