¿Quién iba a decir que una niña traviesa y un oso terminarían metidos en un pleito internacional? Pues sí: Masha y el Oso, una de las caricaturas infantiles rusas más conocidas, quedó en medio de la tensión entre Rusia y Ucrania.
La razón va mucho más allá de los dibujos animados. Ucrania impuso sanciones contra productores y distribuidores de Masha y el Oso porque considera que la serie puede funcionar como una herramienta de propaganda rusa y poder cultural dirigida a los niños.
Pero ¿qué tiene esta caricatura para provocar una disputa de este tamaño? Aquí en adn Noticias te contamos qué hay detrás de la polémica.
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¿Por qué Ucrania sancionó a Masha y el Oso?
De acuerdo con las autoridades ucranianas, Masha y el Oso transmite narrativas prorrusas disfrazadas de contenido infantil y contribuye a proyectar una imagen positiva de Rusia.
Ucrania considera que la producción forma parte del llamado “poder cultural ruso”, es decir, una vía para proyectar la imagen, cultura e influencia de un país fuera de sus fronteras; en este caso, las autoridades también ponen atención en la figura del oso pardo, un símbolo que suele asociarse con Rusia.
La ministra de Cultura de Ucrania, Tetiana Berejna, informó que las sanciones contra los productores y distribuidores buscan limitar la difusión de la serie y señaló que estas medidas crean una base legal para bloquear el contenido en Ucrania.
Además, Kiev pretende solicitar a plataformas internacionales que restrinjan la monetización y difusión de Masha y el Oso.
¿Masha y el Oso es propaganda rusa?
Aquí está el centro de la polémica, pues el gobierno de Ucrania sostiene que Masha y el Oso puede ser utilizada como propaganda rusa entre los niños, mientras que la producción se presenta como una serie de animación infantil.
El decreto ucraniano señala que la caricatura transmite “narrativas prorrusas disfrazadas de contenido infantil” y que genera ingresos fiscales para Rusia.
Las sanciones alcanzan a personas vinculadas con la creación de la serie y al estudio Animaccord, según el documento publicado por la presidencia ucraniana.
La serie fue estrenada en 2009 por Animaccord y cuenta las aventuras de Masha, una niña inquieta, y un oso que vive en el bosque.
Su origen ruso y su alcance internacional son parte importante de la discusión actual.
Es decir, mientras para muchos niños Masha sigue siendo simplemente la pequeña que se mete en toda clase de aventuras con su amigo el Oso, para las autoridades ucranianas el contenido tiene una dimensión política que no puede ignorarse.
¿Qué pasó con Masha y el Oso en Netflix?
La polémica tampoco apareció de un día para otro, pues a finales de junio, Ucrania ya había protestado por la decisión de Netflix de adquirir los derechos de dos nuevas temporadas de Masha y el Oso, además de ampliar la licencia de la serie.
Con las nuevas sanciones, el conflicto alrededor de la caricatura vuelve a tomar fuerza y ahora Ucrania busca limitar no solo su presencia dentro del país, sino también su difusión y monetización a través de plataformas internacionales.
¿Qué dijo Rusia sobre las sanciones contra Masha y el Oso?
Desde Moscú tampoco dejaron pasar la polémica y Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, reaccionó a las sanciones y aseguró que “Ucrania declaró la guerra a los dibujos animados”.
Peskov defendió a Masha y el Oso y afirmó que la serie conquistó al público de todo el mundo y que promueve valores humanos positivos.
Así, lo que para millones de espectadores es una serie infantil terminó convertido en otro capítulo de la disputa cultural entre Rusia y Ucrania.
¿Por qué Ucrania busca limitar la cultura rusa?
Desde la invasión rusa a gran escala de 2022, Ucrania ha impulsado medidas para reducir la influencia cultural rusa en áreas como el cine, el arte, la música, los libros y el deporte.
En ese escenario, la discusión sobre una caricatura infantil adquiere otra dimensión, ya que Kiev considera que determinados contenidos pueden contribuir a mantener la presencia cultural rusa, mientras que Moscú rechaza esa interpretación.
Por ahora, Masha y el Oso quedó atrapada en medio de esa batalla cultural, una historia que comenzó con una niña, un oso y un montón de travesuras ahora también forma parte de una disputa política que llegó hasta las plataformas de entretenimiento.
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