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09 febrero, 2021
Redacción ADN40
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El macabro juicio a un Papa después de su muerte: no bastó la justicia divina

Para realizar el juicio, se tuvo que desenterrar el cuerpo del papa y vestir con sus respectivos ornamentos papales para recibir su sentencia.

¿Te imaginas tener un juicio con un cadáver en la sala? Aunque no lo creas esto sucedió hace miles de años, cuando se pidió enjuiciar a un Papa meses después de su muerte, pues sus enemigos señalaban que debía pagar por incumplir las leyes.

  Dicha historia se remota hace más de 1000 años, cuando la iglesia occidental se encontraba en una situación complicada, pues Roma y Constantinopla estaban en constante dispute para elegir quién gobernaba la iglesia cristiana.

El poder del papado cambiaba de manos de forma frecuente y preocupante, pues provocaba una desestabilización en el sistema religioso, incluso, en algunas ocasiones hubo más de un papa al mando.

Con ello, los líderes cristianos se replantearon temas sobre la cristiandad y su forma de operar ante la población, por lo que aumentó la tensión a tal punto de llevar a cabo juicios que sentenciaban a los líderes religiosos por las decisiones que había tomado en relación a las tradiciones y costumbres, tal y como sucedió con el pontífice Formoso.

El Papa Formoso resaltó en la Iglesia cristiana tanto por su peculiar juicio como por las decisiones que tomó mientras estaba bajo el poder del cristianismo.

¿Cómo fue el juicio del Papa Formoso y por qué lo enjuiciaron?

Formoso estuvo a cargo del papado entre los años 891 a 896, y durante ese tiempo no sólo se dedicó a predicar la palabra de Dios, sino que también comenzó a involucrarse en la política, lo cual le costó su macabro juicio.

De acuerdo con una investigación de la BBC, el juicio del Papa Formoso se llevó a cabo en 897, siete meses después de su muerte, y estuvo a cargo del nuevo Papa, Esteban VI, quien creía firmemente en enjuiciar a los señalados y castigarlos a pesar de que ya habían dejado su cargo o que estuvieran muertos, como su antecesor.

Fue así que, el Papa Esteban mandó a sacar el cuerpo de Formoso de su tumba para llevarlo a la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, donde sería juzgado y condenado en caso de que se le encontrara como culpable.

Increíble pero cierto, al cadáver de Formoso le colocaron sus ornamentos papales y lo sentaron en el trono de la sala para hacer frente a sus acusaciones de romper las reglas de la Iglesia, asimismo, se le asignó un diácono para responder por él.

Y así comenzó su juicio, en el que lo señalaban por romper el juramento de no volver a Roma y recibir el título de Papa de forma ilegal, pues ya era obispo cuando lo eligieron.

También fue señalado por involucrarse en la política europea en diferentes ocasiones, pues llegó a persuadir a gobernadores para que reemplazaran a sus oponentes.

Tras su macabro juicio, Formoso recibió la sentencia de ser despojado de sus vestiduras papales, anular cada uno de sus actos y decisiones legales, además de que le cortaron los tres dedos de su mano derecha que había utilizado para sus consagraciones.

Finalmente, su cuerpo fue arrojado al río Tíber.

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