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24 diciembre, 2020
Redacción ADN40
De punta

Por qué hay vacunas para COVID-19 y no, todavía, para SIDA

La llegada de la vacuna contra Covid-19 originó algunos cuestionamientos acerca del tratamiento de otras enfermedades, tales como el VIH- Sida

El mes de diciembre llegó con nuevas esperanzas frente a la situación que está enfrentando el mundo en relación al Covid-19, pues se comenzó con la distribución de vacunas para frenar los contagios, pero ante este hecho surgió la duda sobre por qué todavía no hay vacunas contra enfermedades que llevan más tiempo, como el VIH- SIDA.

  Desde hace un año comenzaron los contagios del virus Sars – CoV – 2, por lo que a lo largo de estos meses expertos en medicamentos se dedicaron a fabricar una vacuna que controle la propagación del virus, el cual ha sumado millones de muertes alrededor del mundo.

Pero, si ya hay vacuna para este nuevo virus, ¿por qué no hay para el VIH?

Los primeros casos de VIH comenzaron a surgir en el año de 1981, en Estados Unidos, y fue después de dos años que se logró identificar el retrovirus que produce dicha enfermedad. Durante ese tiempo y mientras se conseguía un tratamiento aumentó el número de casos.

Con el paso del tiempo se encontró una medicación que tendría un efecto positivo en los pacientes contagiados. El tratamiento antirretroviral es el que, hasta el momento, ha salvado la vida de los pacientes seropositivos, pues anteriormente su esperanza de vida era menor.

En suma, este mismo tratamiento los ha ayudado a llevar una vida cotidiana como cualquier otra persona, pues ya no hay riesgo de que contagien a otras personas y pueden tener parejas sin VIH o tener hijos sanos.

Sin embargo, no se ha encontrado una vacuna exacta que pueda hacer frente al virus del SIDA pese a las múltiples investigaciones, pues expertos mencionan que el virus tiene una elevada variabilidad genética.

De acuerdo con Vicente Soriano, de la Facultad de Ciencias de la Salud y Centro Médico, UNIR, la tasa de error de la polimerasa del VIH es del 0.01 por ciento, dado que cada nueva copia de ARN retroviral es distinta a la copia progenitora.

Por su parte, el virus de Covid-19 cuenta con una mayor fidelidad de copia y esa estabilidad antigénica facilita el desarrollo de vacunas que puedan combatir las enfermedades o, por lo menos disminuir el riesgo de contagio.

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