El endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos bajo la administración Trump y la crisis en torno a la agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Inicialmente, Trump basó su discurso en culpar a los migrantes por problemas económicos, ganando aprobación por una política migratoria más dura. Sin embargo, la percepción pública ha cambiado al ver las realidades de las detenciones y deportaciones, que afectan a niños, familias y trabajadores, y no solo a “delincuentes”, lo que ha impactado negativamente la economía (ej. precio del pollo y los huevos) y la aprobación de Trump.
Se compara la política de Trump con la de Biden, señalando que Trump se enfocó más en arrestos internos (230,000 personas) mientras que Biden, especialmente con el Título 42, expulsó a un mayor número en la frontera (750,000 en su último año). La crisis de ICE se agravó tras la muerte de dos ciudadanos estadounidenses por disparos de sus agentes, lo que generó indignación, movilizó a la oposición y tuvo repercusiones políticas, como la pérdida de la mayoría republicana en la Asamblea de Minnesota y la destitución del titular de ICE, Greg Bovino. Estos eventos son vistos como una derrota para las políticas de Trump y podrían influir en las elecciones de medio término de este año, especialmente entre el voto latino.
Además, se discute cómo la postura de Trump ha transformado la migración de un proceso administrativo a uno de confrontación, llevando a los migrantes a evitar citas y generar miedo, afectando incluso servicios básicos como las citas prenatales. Finalmente, se analiza el papel de México, que, bajo presión de Trump, se convirtió en una “frontera vertical” disuasoria. La violencia del crimen organizado en México también ha contribuido a que los migrantes teman más cruzar el país que a las propias autoridades estadounidenses, lo que, sumado a las políticas migratorias duras, ha reducido el atractivo de Estados Unidos como destino para migrantes y turistas, afectando su “poder suave”.