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10 enero, 2021
Redacción ADN40
Salud

Tomar un baño diario podría ser dañino para la salud: científico cuestiona hábitos de limpieza

El científico James Hamblin dejó de tomar un baño diario y modificó sus hábitos de limpieza, ¿lo hizo por su salud?

James Hamblin tiene 37 años, es profesor de la escuela de Salud Pública de la Universidad de Yale y es especialista en medicina preventiva; hace cinco años dejó de tomar un baño diario, cuestionando los hábitos de limpieza y si el hecho de hacerlo era benéfico o no para su salud.

En 2016 publicó su primera investigación en la revista estadounidense The Atlantic, sobre la limpieza de la piel, su artículo tiene por nombre “Dejé de ducharme y la vida continuó”. El texto relata que pasamos dos años completos bañándonos, lo cual lleva tiempo, dinero y agua de por medio. Para el 2020, Hamblin publicó otro artículo titulado “Te estás duchando demasiado”.

Aunque el experto insiste en que nunca dejemos de lavarnos las manos con jabón, considera que el lavado en otra partes del cuerpo no debería ser tan persistente. Toda su investigación comenzó como un experimento, sí, Hamblin sólo quería saber qué sucedía con su cuerpo si dejaba de bañarse y en 2015 lo hizo.

Sabía que históricamente, la industria de los productos para la piel como champús, jabones, cremas o desodorantes no existían y que el acceso al agua era algo complicado, es decir, el tomar un baño con ciertos productos y con una determinada frecuencia era algo relativamente nuevo en la historia de la humanidad.

No fue un experimento sencillo, pero el profesor aseguró que al final de un largo proceso el cuerpo se acostumbra a no oler tan mal por dejar de usar desodorantes, jabón o champú. También explica que generalmente la piel se vuelve grasosa por los aceites sintéticos que solemos usar al tomar un baño.

Él realizó el cambio de manera gradual, es decir, cada vez utilizo menos cantidad de los productos que solemos emplear para la limpieza de la piel, así como hacerlo en menor frecuencia. Confirma que hubo momentos en los que se quería duchar porque lo extrañaba, sentía las grasas de su piel e intuía que olía mal, pero la ansiedad por hacerlo comenzó a disminuir con el paso del tiempo.

Científicamente hablando y en palabras de James Hamblin “el olor de los cuerpos es producto de bacterias que viven en nuestra piel y se alimentan de las secreciones aceitosas del sudor y las glándulas sebáceas que están en la base de nuestros folículos pilosos”, pero no todas las bacterias causan problemas.

Al aplicar todos los días productos en nuestra piel, alteramos el funcionamiento natural de nuestros aceites y bacterias, es decir, al ducharnos, destruimos los ecosistemas y desequilibramos lo que pasa naturalmente y perduran los microbios que producen olor. Aunque aún no se sabe si eso es bueno o malo en su totalidad para nuestra salud.

Sin embargo, al dejar de tomar un baño como tradicionalmente lo hacemos, la piel adquiere un olor propio. En su libro Limpio: la nueva ciencia de la piel y la belleza de hacer menos, Hamblin destaca que se enjuaga cuando lo necesita o lo desea, de forma rápida y sólo con agua. Inclusive menciona que para eliminar los aceites del cabello es suficiente frotarlo ocasionalmente y peinarlo con las manos.

El también presentador de videos de salud, titulados Si nuestros cuerpos hablara, se pregunta si estamos haciendo demasiado a la hora de bañarnos y si podría ser mejor para nuestra salud reducir la frecuencia en que lo hacemos.

Cada persona tiene una idea de lo que es estar limpio, y la salud de su piel depende del estilo de vida, de cómo duermen, comen, sus niveles de estrés, de actividad física y hasta de las bebidas o alimentos que se ingieren, entre otras cosas. Y a veces el marketing puede ocasionar que se usen más productos de los que realmente se necesitan.

Hay que recalcar que la piel es un órgano inmunitario fundamental y si bien las duchas pueden no ser esenciales, lo que no debe faltar en los hábitos diarios de limpieza es lavarse las manos frecuentemente, a fin de evitar contraer infecciones y propagarlas.

Con esta investigación, James Hamblin no pretende sugerir lo que es correcto o no, mucho menos desea que la gente deje de bañarse, él sólo hizo lo que le pareció funcional. Pero comparte que si alguien lo quiere intentar puede empezar haciendo duchas más cortas, menos frecuentes, con agua fría y con menos jabón.

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