La partera Juanita Zárate Solorza es vista después de ayudar a Mariana, de 29 años, a dar a luz a su tercer hijo en una clínica local, en lugar de un hospital cercano debido a la propagación del coronavirus (COVID-19), en Unión Hidalgo, México.
JOSÉ DE JESÚS CORTÉS/REUTERS
21 abril, 2020
Redacción ADN40
México

Miedo al COVID-19 alienta a embarazadas a buscar parteras

Algunas mujeres temen contagiarse por el virus, por lo que ponen su confianza en mujeres experimentadas

Juanita Zárate dice que ha visto nacer a cientos de niños en sus 45 años como partera en una comunidad indígena de México, pero ahora por la propagación del COVID-19 asegura que ha atendido a más parturientas que prefieren sus manos antes que ir a un hospital donde temen ser contagiadas.

  En su hogar, en el municipio Unión Hidalgo de Oaxaca, la también maestra atiende a las embarazadas en un sencillo consultorio. Afirma que se ha preparado en los servicios de salud estatales y ha hecho cursos de partería, una ocupación con profundas raíces culturales en el país.

“En estos meses, por el problema del virus, por el miedo de no contagiarse hay más partos (en su hogar)", dijo la indígena zapoteca, de 60 años.

En una pequeña camilla, la única partera tradicional de la municipalidad asiste a las parturientas, a las que examina el vientre bajo la luz de una lámpara que ilumina también las paredes color verde del pequeño cuarto, dotado de pocos enseres.

El domingo pasado, una mujer a la que no solía atender llegó sorpresivamente a su casa por la madrugada con dolores de parto. Pese a tener una cita en un hospital para días después, la criatura no podía esperar y la madre tenía miedo de que si iba al centro médico pudiera infectarse de coronavirus.

“Con esa enfermedad que está puede ser que también se me enferme el bebé", dijo Mariana, de 29 años, y quien declinó dar su apellido.

“Es más de confianza, pues yo digo que es más rápido que te atienden, te ponen mas atención que estar allá en el hospital”, dijo mientras se sobaba el enorme vientre y esperaba el desenlace de manos de la matrona.

Mariana, también indígena zapoteca, dijo que sus otros dos hijos nacieron en centros médicos. Pero Arcelia lo haría con Zárate, quien contó que muchos médicos demeritan su labor y consideran que trabaja en condiciones insalubres.

Y, en efecto, la niña vino al mundo casi cinco horas después en un alumbramiento presenciado por la suegra de Mariana, quien le apretaba duro una mano mientras paría. Inmediatamente la bebé, aún llorando, fue colocada sobre el pecho de su madre.

Con información de Reuters

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