Foto: Reuters
Alejandro Brofft (enviado)
El Papa Francisco pisó ya tierras del Magreb. Está aquí para cumplir con un viaje pastoral de dos días a Marruecos, un país bañado por las aguas del Atlántico y el Mediterráneo y que comparte fronteras con Argelia y la región subsahariana; de mayoría musulmana y cercano a Europa no sólo por su geografía, sino también por su pasado histórico como protectorado francés y español.
Durante 27 horas, el sucesor de Pedro buscará fortalecer lazos con el islam, voltear a ver el problema de la migración y abrazar a la comunidad católica de este país en donde está garantizada la libertad de culto, pero que no admite la conversión religiosa de sus ciudadanos. Entre las principales actividades del pontífice están su encuentro con el rey Mohamed VI y visitas a la Mezquita Hassan, al Instituto Mohamed VI para la formación de predicadores e imanes, a la sede diocesana de Cáritas para platicar con unos 60 migrantes y a un centro de asistencia social rural administrado por tres religiosas españolas en Témara.
El domingo, el Papa dirigirá el tradicional rezo del Ángelus desde la Catedral de Rabat. Por la tarde oficiará la misa dominical desde un complejo deportivo frente a buena parte de la comunidad católica de este país que se calcula de alrededor de 25 mil creyentes.

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