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Nearshoring en México: encuesta global revela declive en atractivo para inversión extranjera

Una encuesta global presentada en Davos revela que México perdió su lugar como destino prioritario para la inversión extranjera. ¿Fue el nearshoring un espejismo?

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México en declive; no es atractivo para inversión extranjera|Reuters

En el Foro Económico Mundial en Davos 2026, la 29ª Encuesta Global de CEOs de PwC arrojó un dato inquietante: México dejó de figurar entre los destinos más atractivos para la inversión extranjera, tras haber estado en el top 10 en 2024 y 2025. Este retroceso no es un simple número, sino un síntoma de un problema mayor: la pérdida de confianza de los grandes capitales hacia el país.

La narrativa oficial sobre el nearshoring —la estrategia para atraer cadenas productivas cerca de mercados clave como el de Estados Unidos— se vendió como un destino inevitable. Hoy, esta promesa parece más un espejismo que una realidad tangible.

Beltrán del Río critica que México no se preparó de manera estratégica para captar inversiones: en lugar de reforzar infraestructura energética, garantizar el Estado de derecho o impulsar la educación técnica, se apostó por cambios de reglas mid-game que generaron incertidumbre jurídica.

La columna recurre a una poderosa metáfora: México parece Esperando a Godot, el clásico de Samuel Beckett. Al igual que los personajes que esperan sin acción, el país se habría quedado esperando que la mera geografía atrajera inversiones, en vez de construir las condiciones necesarias para ganarlas.

El desencanto internacional —explica el autor— no es fortuito: es la “factura” de una visión de política pública que priorizó la redistribución del ingreso sobre la generación sostenida de riqueza. Políticas ideológicas, ausentes de visión competitiva, habrían erosionado la confianza empresarial.

Incluso en términos de crecimiento económico, la realidad contrasta con las promesas de un crecimiento del PIB promedio de 4%: México acumula siete años con menos de 1% anual, una evidencia de bajo desempeño y de oportunidades desperdiciadas para generar empleo de calidad.

Finalmente, Beltrán del Río compara la estrategia de México con la de países como India, que reforzó su política industrial con subsidios selectivos y una orientación agresiva hacia sectores del futuro, reforzando que la inversión extranjera no es un derecho por proximidad geográfica sino un premio que se gana con competitividad real.

La salida de México de las preferencias globales de inversión no nace de la nada. No es un resultado aislado, sino la confluencia de decisiones estratégicas, cambios regulatorios abruptos y un clima de incertidumbre que ha erosionado la confianza empresarial. La promesa del nearshoring sigue flotando en el aire, pero sin la infraestructura institucional que la sustente, corre el riesgo de quedar como un argumento más de wishful thinking.

Si México quiere realmente ser un competidor global por inversiones, el mensaje de Davos va más allá de una crítica: es una llamada de atención. Porque la geografía —por sí sola— nunca ha sido suficiente para compensar la falta de políticas coherentes y competitivas.

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