En 2013, durante trabajos de infraestructura en la ciudad de Gliwice, al sur de Polonia , obreros localizaron una tumba con cuatro esqueletos humanos. Al analizar el sitio, especialistas en arqueología confirmaron que no se trataba de un entierro convencional: los cuerpos estaban decapitados y las cabezas habían sido colocadas entre las piernas.
Este tipo de disposición funeraria no respondía a una tradición religiosa formal, sino a una práctica preventiva ligada a las creencias populares de la Edad Media sobre vampiros. En ese periodo, estas medidas se aplicaban a personas consideradas peligrosas incluso después de morir.
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¿Por qué se asociaban con vampiros?
En el imaginario medieval de Europa del Este, se creía que ciertos muertos podían regresar de la tumba para dañar a los vivos. A estos seres se les atribuían enfermedades inexplicables, muertes repentinas o malas cosechas.
La figura del vampiro surgía como una explicación sobrenatural ante fenómenos que la ciencia aún no podía explicar.
Enterrar a una persona con la cabeza separada del cuerpo tenía un propósito simbólico y práctico: impedir que el difunto pudiera levantarse o encontrar el camino de regreso al mundo de los vivos. Para las comunidades de la época, este ritual representaba una forma de protección colectiva.
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Castigos más allá de la muerte
La decapitación no era el único método utilizado contra los supuestos vampiros. En algunos casos, los cuerpos eran colgados hasta que la descomposición separara naturalmente la cabeza del torso. En otros, se empleaban estacas, piedras o clavos para inmovilizar el cadáver dentro de la tumba.
Estas prácticas reflejan el temor profundo que existía hacia lo desconocido y la manera en que las sociedades medievales intentaban controlar aquello que no comprendían.
El reto de fechar los entierros
Determinar la antigüedad exacta de estos restos no es sencillo. La ausencia de objetos personales o elementos funerarios complica la datación; sin embargo, por el tipo de ritual y el contexto histórico, los especialistas estiman que los entierros podrían corresponder al siglo XVI.
Un fenómeno regional, no aislado
Las llamadas “tumbas de vampiros” han sido documentadas en distintos países de Europa del Este, como Bulgaria, Serbia y otras zonas balcánicas, incluso en París , Francia. En Bulgaria, por ejemplo, se han registrado decenas de casos con esqueletos atravesados por varas de hierro, una práctica similar con el mismo objetivo preventivo.
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Del mito a la cultura popular
Estas creencias ancestrales trascendieron el tiempo y dieron origen a leyendas que hoy forman parte de la cultura universal. Obras como Drácula de Bram Stoker se inspiraron en estos mitos, demostrando que detrás de la ficción existieron miedos reales que marcaron a comunidades enteras.
El hallazgo en Polonia no solo aporta información arqueológica, sino que ayuda a comprender cómo el temor colectivo moldeó rituales, decisiones y narrativas que aún perduran.
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