Aunque desaparecieron hace miles de años, los neandertales siguen presentes en nuestra biología de formas que apenas estamos comenzando a comprender. Un reciente hallazgo científico ha revelado que la herencia de estos antiguos homínidos no solo se encuentra en nuestro código genético invisible, sino también en el centro de nuestro rostro.
Gracias a la participación de miles de voluntarios de América Latina, investigadores internacionales han confirmado que la altura de la nariz es un rasgo heredado directamente de nuestros "primos" evolutivos, una característica que viajó a través de milenios para llegar hasta nosotros.
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El Proyecto CANDELA y la huella genética en América Latina
Para llegar a estas conclusiones, la ciencia tuvo que volver la mirada hacia una de las regiones más diversas del planeta. Todo comenzó con el Consorcio para el Análisis de la Diversidad y Evolución de Latinoamérica (CANDELA), una iniciativa fundada en 2010 por el investigador Andrés Ruiz Linares del University College de Londres.
El objetivo era ambicioso: mapear la apariencia física y el acervo genético de la población moderna en la región. A diferencia de estudios anteriores centrados en poblaciones europeas, este proyecto destacó por su enfoque en el mestizaje. Entre 2012 y 2014, el equipo logró reunir una base de datos impresionante que permitió cruzar información biológica con rasgos visibles:
- Voluntarios: Más de 6,000 personas participaron activamente.
- Países involucrados: Se recolectaron muestras en México, Colombia, Perú, Chile y Brasil.
- Metodología: Se analizaron muestras de ADN (genotipo) y se compararon con fotografías, medidas antropométricas y modelos 3D de los rostros de los participantes (fenotipo).
Este "caleidoscopio de diversidad genética", como lo describen los expertos, confirmó que el latinoamericano promedio es una mezcla compleja de ascendencias nativo-americanas, europeas y africanas. Fue precisamente esta mezcla reciente (de hace unos 500 años) la que facilitó a los científicos rastrear segmentos específicos de ADN hasta sus orígenes prehistóricos.

¿Por qué tenemos la nariz así? La ruta del gen ATF3
El estudio, cuyos resultados resonaron en la comunidad científica tras su publicación en Communications Biology, identificó una región del genoma humano que determina la altura de la nariz, específicamente la distancia vertical entre la parte superior (nasión) y la base (subnasal).
Los investigadores, comparando los genomas actuales con los secuenciados de neandertales, encontraron que el responsable es el gen ATF3, ubicado en el cromosoma 1. Pero, ¿cómo llegó este gen hasta la población actual de países como México o Colombia? La ruta evolutiva es fascinante:
- El origen: El gen pasó de los neandertales a los humanos modernos hace aproximadamente 50,000 años, cuando ambas especies se cruzaron.
- El viaje: Los grupos humanos en Asia heredaron este rasgo y, posteriormente, lo transmitieron a los ancestros de los nativos americanos.
- La llegada: Estos grupos cruzaron hacia Alaska hace entre 15,000 y 20,000 años, poblando el continente americano y llevando consigo esta herencia genética hasta la Patagonia.
Según las hipótesis de los autores, tener una nariz más alta no fue una casualidad, sino una ventaja evolutiva. Una nariz con esta forma ayuda a calentar y humedecer el aire frío antes de que entre a los pulmones, una adaptación crucial para sobrevivir en los climas gélidos que enfrentaron nuestros ancestros al salir de África y expandirse por territorios hostiles.
Más allá de la nariz: dientes, labios y el mito de la raza
El análisis no se detuvo en la nariz. El antropólogo Miguel Eduardo Delgado y su equipo encontraron una correlación directa: a mayor presencia de material genético neandertal en el individuo, mayor es la similitud morfológica de su nariz con la de dicha especie extinta. De hecho, casi uno de cada tres participantes del estudio portaba esta secuencia específica de ADN.
El proyecto CANDELA ha abierto la puerta a descubrir otros rasgos heredados. Investigaciones adicionales han vinculado la forma de los dientes incisivos con los neandertales y el grosor de los labios con los denisovanos, otro grupo de homínidos antiguos.
Más allá de la curiosidad biológica, este tipo de estudios tiene una implicación social y médica profunda:
- Medicina preventiva: Entender qué genes arcaicos portamos ayuda a comprender la predisposición a ciertas enfermedades en poblaciones latinas.
- Igualdad biológica: Demuestra que no existen "razas puras" ni superiores. Todos los humanos somos genéticamente idénticos en nuestra base y compartimos una historia de mestizaje continuo.
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