En su columna “Total incertidumbre”, publicada en El Financiero, Macario Schettino describe un escenario inquietante: México enfrenta hoy un mundo convulso desde una posición de debilidad inédita en el último siglo. No por falta de recursos o relevancia geográfica, sino por una decisión política sostenida de aislamiento internacional.
Schettino sostiene que, mientras el orden global se fragmenta —con guerras abiertas, tensiones comerciales, disputas tecnológicas y bloques geopolíticos en redefinición—, México optó por retirarse de los espacios donde se discuten y negocian esas transformaciones. El país perdió presencia en foros multilaterales clave, dejó de construir alianzas estratégicas y redujo su diplomacia a gestos simbólicos sin peso real.
El columnista subraya que esta retirada no fue neutral. Al abandonar la participación activa en organismos internacionales y en esquemas de cooperación regional y global, México renunció también a influir, anticipar riesgos y defender intereses propios. En lugar de diversificar relaciones, la política exterior se replegó, manteniendo vínculos principalmente con regímenes autoritarios latinoamericanos, una apuesta que aporta poco en términos económicos, políticos o de seguridad.
Schettino advierte que esta pérdida de capital diplomático ocurre justo cuando más se necesita: en un contexto de incertidumbre financiera, relocalización de cadenas productivas, presión migratoria y redefinición del papel de Estados Unidos en el mundo. México, por su ubicación estratégica, podría ser un actor relevante. Pero eligió no serlo.
La columna plantea que la debilidad actual no es coyuntural ni producto del entorno global, sino consecuencia directa de una política exterior que devaluó la diplomacia profesional, desconfió del multilateralismo y apostó por una narrativa ideológica en lugar de una estrategia de Estado.
En un mundo que se reacomoda a golpes, México llega sin aliados sólidos, sin voz y sin margen de maniobra. La incertidumbre global no se enfrenta con aislamiento ni con gestos ideológicos, sino con diplomacia activa y visión estratégica. Haber renunciado a eso dejó al país más solo, más vulnerable y peor preparado para lo que viene.
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