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La Catrina no se llamaba así: el verdadero nombre de la calavera símbolo del Día de Muertos y la burla que escondía su sombrero de plumas

Con humor e ironía, José Guadalupe Posada se burló de las apariencias de su época, sin imaginar que su creación se convertiría en un símbolo mexicano

Cada Día de Muertos, La Catrina aparece entre flores de cempasúchil, desfiles y vestidos espectaculares. Pero hay un detalle que suele pasar inadvertido: cuando José Guadalupe Posada la dibujó, aquella calavera no llevaba vestido, joyas ni maquillaje. Solo tenía una sonrisa inquietante y un sombrero tan elegante que parecía una provocación.

Detrás de esa imagen estaba la mirada de un artista que retrataba con humor las desigualdades de su época. Y su historia guarda otra sorpresa: Posada murió sin conocer la fama que alcanzaría su creación, hoy convertida en uno de los símbolos más reconocibles de México durante Día de Muertos.

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¿Cuál era el verdadero nombre de La Catrina?

Antes de ser conocida como La Catrina, esta figura recibió el nombre de Calavera Garbancera. De acuerdo con el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart), el término garbancera se utilizaba para burlarse de quienes, pese a tener raíces indígenas, pretendían adoptar las costumbres europeas.

El nombre hacía referencia a personas que habían dejado de vender maíz para comerciar garbanzos y buscaban aparentar una posición social distinta. Así, Posada se burlaba de la vanidad de quienes, durante el Porfiriato, renegaban de sus raíces y daban más importancia a las apariencias.

¿Por qué La Catrina llevaba un sombrero de plumas si no tenía ropa?

La burla estaba precisamente en ese contraste. La calavera aparecía sin vestido, solo huesos, pero lucía un sombrero de estilo francés adornado con plumas y flores, como si quisiera presumir una elegancia que no correspondía con su aspecto.

Pero aquel sombrero también escondía otra ironía: por mucho dinero, lujo o prestigio que alguien tuviera en vida, ante la muerte todos terminaban siendo iguales.

Nacido en Aguascalientes en 1852, el grabador tenía un talento especial para contar historias a través de sus dibujos. Ilustraba desde noticias y corridos hasta sucesos policiales y escenas cotidianas, siempre con ese humor que podía provocar una sonrisa y, al mismo tiempo, incomodar.

¿Cuándo se publicó por primera vez la Calavera Garbancera?

Una investigación del historiador Agustín Sánchez González, difundida por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), señala que su primera publicación documentada apareció en octubre de 1913, en la imprenta de Antonio Vanegas Arroyo.

Lo sorprendente es que Posada había fallecido el 20 de enero de ese mismo año, meses antes de aquella publicación.

Además, el artista no acostumbraba titular sus dibujos, pues esa tarea quedaba en manos de los editores. Por ello, su famosa calavera también apareció en impresos como Remate de calaveras alegres y sandungueras y, años después, bajo el nombre de Calavera fifí.

¿Cómo convirtió Diego Rivera a la Calavera Garbancera en La Catrina?

Aunque suele atribuirse a Diego Rivera el nombre de La Catrina, el INAH documenta que la expresión Calavera catrina ya aparecía en una recopilación de obras de Posada publicada en 1930.

Lo que sí hizo Rivera fue darle la apariencia que conocemos actualmente. En 1947, la pintó de cuerpo completo y elegantemente vestida en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central.

Allí aparece junto a Posada, Frida Kahlo y un Diego Rivera representado como niño. Incluso lleva una estola de plumas que evoca a Quetzalcóatl, un detalle que enriqueció su imagen y ayudó a convertirla en un personaje inolvidable.

¿Qué pasó con José Guadalupe Posada y cuál fue su legado?

A diferencia de la fama que alcanzó su calavera, Posada murió en la pobreza, en el barrio de Tepito de la Ciudad de México. De acuerdo con el Archivo General de la Nación, sus restos terminaron en una fosa común.

Con el paso de los años, su talento recibió el reconocimiento que no tuvo en vida. Actualmente, sus grabados se conservan en distintas instituciones, entre ellas el Museo José Guadalupe Posada de Aguascalientes, mientras que su famosa creación sigue presente en calles, ofrendas y celebraciones de todo México.

Y hay algo profundamente irónico en su historia: el hombre que se burló de las apariencias murió sin conocer la gloria que alcanzaría su obra, mientras aquella calavera que no tenía ni un vestido terminó convertida en una de las figuras más elegantes y queridas de nuestro país.

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