Con un PIB per cápita menor al de 2018 y proyecciones de apenas 1.2% a 1.3%, el país muestra señales de desgaste estructural: incertidumbre política, menor inversión en infraestructura, debilidad en sectores clave y riesgos externos como aranceles y tensiones en el T-MEC. Aunque las exportaciones han evitado una recesión, el panorama apunta a un crecimiento limitado si no se corrigen los desequilibrios.




