El arranque de 2026 encuentra al sector agropecuario en una encrucijada crítica. A la pérdida de rentabilidad de los productores de granos se suma un presupuesto insuficiente para la Secretaría de Agricultura, que deja sin respaldo efectivo a un campo golpeado por la sequía, la inseguridad y la falta de crédito, seguros y asistencia técnica. Estados clave como Sinaloa, Sonora y Chihuahua enfrentan escasez de agua, mientras la incertidumbre por la renegociación del T-MEC y la presión de productores estadounidenses añade un nuevo factor de riesgo. Un panorama complejo que plantea serias dudas sobre la viabilidad del campo y la capacidad de la política pública para evitar que la crisis se profundice.