Una calavera sin ropa y con un enorme sombrero de plumas mira desde un grabado en metal de hace más de un siglo, y hoy su imagen aparece en ofrendas, desfiles y en las máscaras de catrina gratis del festival de Día de Muertos en el municipio de Querétaro. Así comienza el origen de La Catrina, que en sus primeros años se conocía como La Calavera Garbancera de Posada.
Este lunes 2 de noviembre, entre el olor a cempasúchil y el pan de muerto, es casi imposible dar dos pasos sin cruzarse con una catrina de barro, de papel picado o con el rostro maquillado. Detrás de ese porte tan elegante y presumido se esconde una broma con mucha picardía que pocos conocen, y la historia arranca en una imprenta.
¿Quién creó a La Catrina?
La figura salió de las manos de José Guadalupe Posada, grabador, caricaturista e ilustrador nacido el 2 de febrero de 1852 en Aguascalientes, la ciudad donde el Festival de Calaveras incluye un homenaje al artista. Según la Secretaría de Cultura, se inició en el grabado y la litografía en el taller de Trinidad Pedroso, y sus imágenes en la publicación El Jicote lo llevaron a la capital.
En la Ciudad de México colaboró con La Patria Ilustrada, El Padre Cobos y El Ahuizote, entre otras publicaciones de la época. Desde 1890, su trabajo también aparece en las hojas sueltas y en La Gaceta Callejera del impresor Antonio Vanegas Arroyo, de corte popular y nacionalista, que difundían, entre otros temas, “acontecimientos de sensación”, de acuerdo con la dependencia federal de cultura.
La Secretaría de Cultura calcula que su producción supera los 20 mil grabados, entre litografías y planchas de metal, aunque Posada no alcanzó la fama en vida, según el Museo Mural Diego Rivera. El artista murió el 20 de enero de 1913 en la Ciudad de México, y sus restos terminaron en una fosa común, porque nadie los reclamó, de acuerdo con la dependencia.

La Catrina como símbolo del Día de Muertos
Para la Secretaría de Cultura, las calaveras de Posada hoy se asocian directamente con el Día de Muertos, aunque también son un reflejo de la vida social de su época. El propio grabador dejó una frase que recoge la dependencia: “La muerte, es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”.
La celebración también tiene reconocimiento internacional, porque la UNESCO proclamó en 2003 a la festividad Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad y, en 2008, la inscribió en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. En el barrio del Encino, en Aguascalientes, el Museo José Guadalupe Posada mantiene una sala permanente dedicada a la obra del grabador.
La admiración de Rivera por el grabador quedó en una frase que recoge la Secretaría de Relaciones Exteriores: “Tan grande como Goya, Posada fue un creador de una riqueza inagotable”. En 2024, el Museo Mural Diego Rivera dedicó su altar a “La Catrina; del grabado al ícono”, con un tapete de aserrín con la Garbancera y una Catrina del artesano Mauricio Mercado.
Qué criticaba la Calavera Garbancera
El título original del grabado era “La Calavera Garbancera”, y su blanco eran los llamados “garbanceros” de la época. De acuerdo con la Secretaría de Cultura, así se nombraba a personas con sangre indígena que pretendían ser europeas y renegaban de sus raíces y su cultura, mientras que la Secretaría de Relaciones Exteriores agrega que el término se refería a personas que vendían garbanzo.
Por eso la calavera de Posada no lleva vestido, solo un sombrero de gran tamaño, como crítica a quienes aparentaban un estilo de vida que no les correspondía, según la dependencia federal de cultura. La misma fuente ubica la creación de la obra hacia 1910, ya que en un comunicado de 2011 señaló que el grabado cumplió 100 años el año anterior.
Las calaveras con textos satíricos ya eran populares en los periódicos “de combate” de los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz, y grabadores como Constantino Escalante y Manuel Manilla también las trabajaron, de acuerdo con la Secretaría de Cultura. Esas rimas burlonas todavía tienen concurso propio en festivales de muertos, como el de las catrinas a caballo en Amealco.

Diego Rivera y el mural de la Alameda
El nombre de Catrina llegó décadas después con el mural de Diego Rivera “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, que el pintor concibió entre el 17 de julio y el 15 de septiembre de 1947 para el Hotel del Prado. Según la Secretaría de Cultura, Rivera la pintó vestida por primera vez y le dio el nombre y la forma con que hoy se conoce.
En la obra, la calavera ocupa el centro visual, del brazo de Posada y de la mano de un Diego niño, de acuerdo con Arturo Herrera, mediador del museo que hoy resguarda el mural. El nombre viene de “catrín”, palabra que designaba a un hombre elegante y bien vestido de la aristocracia de fines del siglo XIX y principios del XX, según la Secretaría de Cultura.
El mural también tiene su propia historia de supervivencia, ya que los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985 dejaron casi destruido el Hotel del Prado. El 14 de diciembre de 1986, la obra recorrió 430 metros en más de 10 horas, con 300 trabajadores, hasta el actual Museo Mural Diego Rivera, que abrió sus puertas el 19 de febrero de 1988.





