En su sátira más mordaz, Manual para desviar acusaciones – Fabiola Guarneros Saavedra en Excélsior, la autora desgrana lo que llama un manual no oficial de gestión de crisis dentro de los pasillos de la llamada Cuarta Transformación. En lugar de confrontar señalamientos de corrupción, tráfico de influencias o posibles nexos con el crimen, la receta moderna —ironiza Guarneros— consiste en desplegar distracciones que capturen titulares, aunque nada tengan que ver con los problemas de fondo.
El ejemplo más emblemático de esta técnica es la carta pública de Jesús Ramírez Cuevas, exvocero presidencial y actual asesor, ante las críticas del libro Ni venganza ni perdón. En vez de enfrentar directamente las imputaciones —que incluyen decisiones polémicas en contratos de publicidad oficial y manejo de comunicación gubernamental— Ramírez arremetió con una defensa ideológica y simbólica que desvió la conversación hacia conceptos como “soberanía alimentaria” o defensa de “símbolos de la transformación”.
Pero el manual de distracción no se queda ahí. Fabiola Guarneros apunta al espectáculo: desde el exdirector de Materiales Educativos Marx Arriaga, quien montó un show mediático al ser separado de su cargo, hasta la polémica sobre el uso del salón de belleza del Senado de la República por parte de senadores afines —un episodio que, según la columna, terminó más como excusa que como explicación.
Más allá de los chistes y las anécdotas, el diagnóstico editorial va directo al corazón: si no hay resultados para presumir, siempre habrá mártires mediáticos para aplaudir. Y mientras los focos se encienden sobre anécdotas o simbologías, el país real sigue lidiando con homicidios, desapariciones, control del crimen organizado y violencia desbordada sin que haya respuestas contundentes.
En un contexto donde la percepción pública puede ser moldeada por espectáculo y retórica, la columna lanza una advertencia editorial: no confundamos entretenimiento con rendición de cuentas. La política merece respuestas, no trucos; justicia, no manuales de distracción.
Si la narrativa pública se convierte en un carnaval de símbolos y virajes mediáticos, la tragedia real —violencia, inseguridad y falta de transparencia— quedará siempre en segundo plano. El truco funciona, quizá, para ganar titulares; para ganar confianza social, hace falta algo más que fuegos artificiales.
adn Noticias. Te Hablamos con la verdad. Suscríbete a nuestro canal de WhatsApp y lleva la información en la palma de tu mano.
