Lula da Silva marcó un regreso del poder a los escándalos de corrupción, y desde entonces hay una ruptura fuerte entre el discurso y la realidad. Desde Chávez en Venezuela ha habido un auge de líderes que han conectado con el lado oscuro de las poblaciones, el rencor, la revancha.
Pedro Castillo ha dado la apariencia de oscilar demasiado ideológicamente, sin embargo ha sabido pedir perdón por los errores cometidos. Una cualidad escaza.
En Colombia, Santos se equivocó y dejó un legado que hasta el día de hoy persiste en la guerrilla. En Chile hay una nueva esperanza en Gabriel Boric, su falta de experiencia puede ser un problema, pero ha dado muestras de solidez ideológica.
El problema de América Latina es la falta de inversión y la pobre creación de la riqueza, es urgente atender esta realidad. Sólo de la mano del estado derecho se podrán saldar las deudas en educación, seguridad pública y seguridad social.




