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Lo que seguro no sabías del Día de Muertos: una historiadora del INAH asegura que no es prehispánico, sino español y cristiano

¿Y si el pan de muerto y las calaveritas de azúcar no fueran tan prehispánicos como creemos? Su historia guarda una sorpresa que nos lleva hasta la Europa medieval

Ofrenda Día de Muertos Según la historiadora, el pan de muertos, las calaveritas de azúcar, entre otros elementos, provienen de la Europa Medieval. (Pexels)

Cada noviembre, las casas de México se llenan de cempasúchil, veladoras y el aroma del pan de muerto. Aunque solemos relacionar el Día de Muertos con nuestros antepasados prehispánicos, la historiadora Elsa Malvido, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), sostenía que muchas de estas costumbres tienen raíces en la Europa católica medieval.

Esto no significa que los pueblos originarios no honraran a sus muertos. Lo que Malvido cuestionaba era el origen de tradiciones como los altares, las calaveritas de azúcar y las celebraciones del 1 y 2 de noviembre, cuya historia nos lleva hasta la época colonial, cuando las costumbres españolas comenzaron a mezclarse con las creencias indígenas.

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¿Por qué Elsa Malvido decía que el Día de Muertos no era prehispánico?

Elsa Malvido (1941-2011) dedicó décadas a investigar los rituales funerarios y fundó el Taller de Estudios sobre la Muerte del INAH.

Según sus estudios, el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, y el 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, provienen de celebraciones católicas de la Europa medieval.

Estas costumbres llegaron a la Nueva España durante el siglo XVI, con la evangelización, y poco a poco adquirieron características propias de las comunidades mexicanas.

¿El pan de muerto y las calaveritas de azúcar también vienen de Europa?

Aunque parezca increíble, en antiguos reinos españoles se preparaban panes y dulces con forma de huesos, cráneos y hasta esqueletos completos, que representaban las reliquias de los santos.

Estos alimentos se bendecían en las iglesias y después se llevaban a casa para colocarlos en las llamadas mesas del santo, junto a imágenes religiosas.

De acuerdo con la revista Arqueología Mexicana, estas prácticas son antecedentes de nuestros panes y calaveritas de azúcar.

Además, durante la Colonia se elaboraban alfeñiques, figuras de azúcar con distintas formas. Los más elaborados eran costosos, aunque también existían versiones sencillas hechas con moldes de barro.

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¿Cómo celebraban a los muertos los pueblos prehispánicos?

Mucho antes de la llegada de los españoles, los pueblos mesoamericanos ya realizaban ceremonias para honrar a sus difuntos, aunque en otras fechas.

Los mexicas, por ejemplo, celebraban festividades como Miccailhuitontli y Hueymiccailhuitl, mientras que en los entierros colocaban alimentos y objetos para acompañar a los muertos en su viaje al más allá.

De esas antiguas creencias permanecen elementos como el cempasúchil, el maíz y el copal. En cambio, las veladoras, las cruces y las imágenes de santos llegaron con la tradición europea, según explica el INAH.

¿Por qué el Día de Muertos comenzó a considerarse una tradición prehispánica?

Malvido sostenía que, durante el siglo XX, la celebración adquirió otro significado. Especialmente bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), se impulsó una interpretación nacionalista que destacaba sus raíces indígenas y dejaba en segundo plano la influencia católica.

Eso sí, la festividad no nació entonces, pues llevaba siglos celebrándose y transformándose en distintas regiones de México.

¿Qué dice la UNESCO sobre el verdadero origen del Día de Muertos?

La UNESCO reconoce esta celebración como una fusión entre rituales prehispánicos y festividades católicas. Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos fueron proclamadas patrimonio en 2003 e inscritas en su Lista Representativa en 2008.

Por su parte, el arqueólogo Orlando Casares Contreras, del INAH Yucatán, estimó en 2024 que entre el 80% y el 90% de la tradición tiene antecedentes europeos, aunque se trata de su valoración histórica y no de un porcentaje científicamente establecido.

Y al final, poco importa si algunas de estas costumbres nacieron en México o llegaron de tierras lejanas. Las hemos hecho nuestras, las queremos y las mantenemos vivas cada año, porque más allá de su origen, el Día de Muertos nos regala algo que no tiene fronteras: la alegría de recordar a quienes amamos y la ilusión de volver a sentirlos cerca.

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