México ha mantenido un silencio sepulcral ante la lapidaria declaración de Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, sobre que no habrá nuevamente elecciones en su país.
El argumento de Daniel Ortega es que la disidencia, cualquiera que esta sea, es una amenaza contra la patria. De acuerdo con la conductora Mónica Garza, esto pone en evidencia que se trata de un dictador, pues es exactamente lo que hace, “convierten a sus adversarios en enemigos y llaman soberanía a su derecho a permanecer eternamente en el poder”.
A pesar de que Estados Unidos ya condenó este anuncio, así como el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, quien advirtió sobre la concentración del poder y la represión, México sigue callado y no ha emitido ni una sola palabra para condenar que un gobernante latinoamericano anuncie la desaparición de las elecciones.


