Actualmente, el poder se concentra en quién controla la energía y las rutas que la transportan, dejando atrás el armamento militar y dando paso a la geopolítica energética. Actualmente, solo Estados Unidos, Arabia Saudita y Rusia poseen cerca del 40% del petróleo mundial, mientras que el 60% del combustible viaja por el Estrecho de Ormuz, actualmente en crisis y con amenazas que perjudican el suministro.
Por su parte, China y Estados Unidos lideran la refinación y desarrollo de redes energéticas, y aunque consolidan su influencia más allá de la producción, la geopolítica energética no solo impulsa la economía, ahora también es una arma política para presionar, influir y redefinir el equilibrio de poder entre naciones, tal como lo demostró la guerra en Ucrania.
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