Cultivar ajo en una maceta es una alternativa sencilla si quieres tener tu propio huerto. Para hacerlo es importante garantizar a la planta al menos tres aspectos: buen drenaje del recipiente, tierra suelta y al menos seis horas de sol directo cada día—.
Suscríbete a nuestro canal de Telegram y lleva la información en tus manos.
¿Cómo cultivar ajo en maceta?
El ajo se suele sembrar entre octubre y noviembre. Esto se debe a que la planta necesita entre uno y dos meses de temperaturas bajas, de entre 0 °C y 10 °C, para que el bulbo se divida correctamente en dientes.
Para cultivarlo en maceta, se debe preparar el sustrato, atendiendo a que el mismo drene bien, y colocar los dientes en la tierra. Una buena opción es combinar, en partes iguales, sustrato universal, composta ya madura y arena gruesa, ya que la tierra de jardín sola tiende a compactarse y dificulta el desarrollo del bulbo.
Cada diente se entierra con la punta hacia arriba, a una profundidad de 5 a 7 centímetros: si queda al revés, la planta gasta energía en corregir su posición. Los dientes deben separarse de la cabeza recién antes de plantarlos, no con anticipación.
Como las raíces se extienden hacia abajo unos 15 a 20 centímetros, un recipiente poco profundo termina dando bulbos chicos y con forma irregular. Por eso, se sugiere una maceta de al menos 25 centímetros de profundidad; el ancho y largo definen cuántos dientes entran, respetando una distancia de 15 centímetros entre uno y otro, igual que si se plantara directamente en tierra.
Las macetas de terracota suelen funcionar mejor que otros materiales, porque dejan que la humedad se escape a través de las paredes porosas.
Otro dato a tener en cuenta es que todo el proceso, desde plantar el diente hasta cosechar la cabeza, toma entre seis y ocho meses.

¿Cuál es el error más común al sembrar ajo en maceta?
Un error común al cultivar ajo en maceta es pasarse con el riego. Si el sustrato queda encharcado, el bulbo puede pudrirse en apenas unos días. Por eso, lo importante es mantener la tierra húmeda, sin llegar nunca a encharcarla.
Generalmente, durante el crecimiento la planta se riega cada dos a cuatro días, evitando mojar las hojas para no favorecer hongos. Cuando las hojas de abajo amarillean, hay que bajar el riego, ya que es señal de que el bulbo está madurando.
También es importante mencionar que si aparece un escapo (tallo enroscado), se corta apenas da una vuelta, ya que dejarlo crecer reduce el tamaño del bulbo.
adn Noticias. Te hablamos con la verdad. Suscríbete a nuestro canal de WhatsApp y lleva la información en la palma de tu mano.





