Este rezago limita la capacidad de atención, incrementa la carga laboral y afecta la calidad de los servicios. En este contexto, la inteligencia artificial surge como una herramienta con alto potencial para transformar la atención médica: desde optimizar diagnósticos y procesos administrativos hasta ampliar la cobertura en zonas con escasez de personal. Sin embargo, su implementación deberá ser estratégica y responsable para realmente convertirse en un apoyo efectivo y no en un sustituto incompleto del factor humano.




