Jorge Molina explicó que el proceso actual del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá no debe entenderse solo como una revisión técnica, sino como una renegociación de fondo, impulsada principalmente por el nuevo enfoque estratégico de Estados Unidos.
Señaló que el objetivo estadounidense ya no es únicamente mantener un esquema de libre comercio orientado al consumidor, sino garantizar que las empresas instaladas en territorio estadounidense tengan acceso prioritario a insumos estratégicos, especialmente energía y minerales críticos, para reducir dependencia frente a China y evitar vulnerabilidades como las vividas durante la pandemia.
Uno de los puntos centrales de la negociación es precisamente limitar la influencia comercial china en la región. Molina reconoció que México ha sido señalado por permitir el ingreso de mercancías chinas que posteriormente abastecen al mercado estadounidense, tema que forma parte de las presiones actuales dentro de la renegociación.
También advirtió que, además de la relación comercial, hoy la seguridad nacional se ha vuelto parte integral del tratado: migración, combate al fentanilo, cadenas de suministro y control geopolítico forman parte de la nueva lógica estadounidense.
Respecto al riesgo de ruptura del tratado, consideró que aunque no puede descartarse completamente bajo una eventual postura dura de Donald Trump, existe una fuerte razón económica para mantener algún mecanismo comercial, debido a que hay más de 165 mil millones de dólares de inversión estadounidense instalada en México y una integración productiva profunda entre ambos países.
Subrayó que para México el impacto sería enorme, ya que el comercio exterior representa una parte fundamental del PIB nacional, por lo que la prioridad debe ser preservar participación en el mercado estadounidense y ofrecer mayor certeza jurídica a la inversión extranjera.
Sobre inversión, destacó que México seguirá siendo atractivo por el tamaño de su mercado y su ubicación estratégica, pero alertó que sin certidumbre institucional solo llegarán proyectos fácilmente movibles, mientras que inversiones de alto valor —como inteligencia artificial o manufactura tecnológica avanzada— requieren reglas estables de largo plazo.
Finalmente explicó que no existe una fecha límite formal para concluir la renegociación, aunque el 1 de julio habrá una reunión clave entre ministros de los tres países para definir si continúa el esquema actual. Añadió que el factor político interno en Estados Unidos será decisivo, especialmente por la posible participación del Congreso estadounidense en cualquier modificación importante.