El daño va más allá de las hectáreas perdidas: las invasiones fragmentan la selva en islas aisladas, poniendo en riesgo al jaguar, el tapir y el pecarí de labios blancos, especies en peligro de extinción que requieren grandes extensiones continuas para sobrevivir. A pesar de que la Comisión Nacional de Áreas Protegidas y ejidatarios han presentado denuncias desde hace dos años, no se han ejecutado desalojos.



