Escocia e Irlanda del Norte presionan por nuevos referéndums sobre su futuro político, mientras Gales busca ampliar las facultades de su gobierno en áreas como Policía y Justicia.
Los partidos unionistas sostienen que los líderes regionales están priorizando sus proyectos de autonomía e independencia frente a asuntos como salud y educación, mientras desde Inglaterra se defiende la permanencia del Reino Unido.
Una eventual separación modificaría el mapa geopolítico de Europa y obligaría a los nuevos Estados a definir sus sistemas financieros, asumir una parte de la deuda británica y negociar su relación con la Unión Europea.


