México pasó de recibir refugiados y condenar dictaduras a mantener una postura de acercamiento con gobiernos como los de Cuba, Venezuela y Nicaragua.
La abstención de México en la OEA ante una resolución sobre el régimen de Daniel Ortega volvió a poner bajo cuestionamiento su posición frente a la represión y los derechos humanos.
La postura del gobierno es defendida bajo el principio de “autodeterminación de los pueblos”; sus críticos consideran que contradice la tradición diplomática mexicana de defensa de los derechos humanos.


