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Aves rapaces gigantes pudieron influir en la evolución humana

Restos del “niño de Taung”, un homínido de 2.8 millones de años en Sudáfrica, presentan marcas compatibles con garras de águila.

Especialistas plantean que la amenaza de depredadores aéreos pudo impulsar el caminar erguido para mejor detección, la vida en grupos más grandes y la coordinación que contribuyó al desarrollo del lenguaje. Entre estos depredadores estaban los teratornos, de hasta 6 metros, y el águila de Haast en Nueva Zelanda.